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Centro de
Salud y Derechos Humanos
"Juan Bruno Zayas "
Director:
Dr. Darsi Ferrer.
Ciudad de La Habana, Cuba |
“Cómplices del Crimen
Internacional del Apartheid’
Nunca en la
historia de Cuba se llegó al extremo de discriminar a los
cubanos por su origen nacional. La aplicación del apartheid como
política de estado por las autoridades del régimen es la peor
humillación sufrida por la nación cubana,
La segregación
impuesta por la casta en el poder durante las últimas décadas
supera las motivaciones raciales, políticas, religiosas,
sociales, para supeditarse al desprecio por los nacionales.
Mientras los
miembros de la nomenclatura y los extranjeros disfrutan de
exclusivas instalaciones, recursos y servicios del país, los
cubanos son relegados a la condición de parias, privados de esos
derechos.
Tal separación,
aunque supuestamente está proscrita por la legislación vigente y
por los instrumentos jurídicos suscritos al respecto en la arena
internacional, establece de modo oficial e invariable las
arbitrarias diferencias sociales, con afectaciones sensibles a
la población.
El apartheid
garantiza a los usurpadores de la soberanía preservar el control
político y los privilegios económicos y sociales que les niegan
al resto de la sociedad.
Incapaces de
generar riquezas por la incompetencia económica, el régimen
utiliza como uno de los principales mecanismos para su
sostenimiento las divisas que provienen de la inversión
extranjera.
Las
asociaciones económicas extranjeras, de modo ilegal e inmoral,
obtienen ganancias millonarias a costo de servir de cómplices ex
profeso del delito internacional de apartheid perpetrado por la
casta dominante.
La española
Sol-Meliá es la cadena hotelera de mayor presencia en el sector
del turismo de la Isla. Controla un total de 24 hoteles de lujo,
en preferentes zonas de los polos turísticos, de los que ingresa
centenares de millones de dólares anualmente.
Igual a la
situación existente en las demás instalaciones turísticas, en
esos hoteles las gerencias aceptan la aplicación de la política
oficial de exclusión a los cubanos y la exclusividad de disfrute
para los extranjeros y los funcionarios de la cúpula del régimen.
Visitar o
merodear esos recintos significa una posible prisión para
cualquier cubano de a pie. La negación de los servicios no
distingue diferencias respecto a quienes cuentan con el poder
adquisitivo requerido, basta la condición de nacional para tener
prohibido el acceso.
Los empleados
de dichos lugares, en su inmensa mayoría, son seleccionados
atendiendo a cualidades particulares; ser jóvenes, de la raza
blanca y fieles partidarios de los intereses políticos del
régimen.
Situación que
no interfiere en las condiciones de esclavitud moderna a las que
están sometidos por ambos patronos, inversores extranjeros y
estado. A lo sumo, reciben un equivalente al 8 % del salario
real en moneda convertible y carecen de derechos a huelga, a
negociar sus contratos de trabajo o sindicalizarse libremente.
Los empresarios
inescrupulosos deben tomar las lecciones de la historia, como
recordar el caso de los bancos suizos sancionados moral y
jurídicamente después del holocausto, por atesorar el oro que
los nazis despojaron a los judíos.
Escasas son las
posibilidades del pueblo, por su miseria de protagonizar un
boicot que afecte los intereses económicos de los inversores
foráneos, realidad distinta a la del exilio cubano y de otras
personas, opuestas a la complicidad de esas compañías con el
régimen de la habana, con capacidad de encabezar acciones
dirigidas a presionar a los beneficiados de la marginación a los
cubanos.
La utilidad de
las campañas que perjudican las ganancias de los que adoptan una
actitud de indiferencias ante las injusticias, se demostró en la
eliminación del colonialismo inglés en la India de Mahatma
Gandhi, de la política de segregación contra los negros en el
sur de los EEUU de Martín Luther King Jr., y del sistema de
apartheid en la Sudáfrica de Nelson Mandela.
La inversión
extranjera constituye una necesidad indiscutible para el
desarrollo de la nación, pero apegada a la legalidad y a los
principios de respeto a las personas.
¿Por qué los
cubanos y personas solidarias desde todas las latitudes no
intentan unir esfuerzos y comienzan por Boicotear a la cadena
hotelera Sol-Melia?
Quizás resulte
favorable para que tales empresarios tomen conciencia respecto a
su indigna actitud e influyan sobre el régimen para que
desmantele el oprobioso sistema de apartheid.
La Habana, 8 de
mayo de 2006.