Derechos Humanos


Human Rights

Ciudad de la Habana, 9 de Abril de 2005.
 

A: Doctor José Ramón Balaguer Cabrera
   Ministro de Salud de la República de Cuba.

 

C/C:  Director General de la Organización Mundial de la Salud.
         Presidente de la Asociación Médica Mundial

         Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba.

 

Las Misiones Internacionalistas constituyen una de las paginas más hermosas escritas en la historia de la humanidad. Nuestro país, sin dudas, es un ejemplo de ello, al entregar en otras tierras la sangre de muchos de sus hijos; recordemos, por solo citar algunos, los caídos en Angola, Etiopía, Irán y Venezuela.

Esa lucha por el mejoramiento humano incluye elevadas condiciones de acceso a la salud, sobre todo, en aquellos pueblos limitados por las carencias de recursos humanos y materiales.

Desde el año 1963, Cuba ha brindado ayuda a países del tercer mundo, enviando sus médicos, estomatólogos, enfermeras y técnicos a los lugares más apartados de la geografía, donde nunca hubo tal atención.

Cabe señalar que el salario de los profesionales de la salud oscila entre 10 y 21 dólares mensuales, a los internacionalistas se les adicionan 150 dólares; este elemento les permite una mejoría discreta en el nivel de vida, y representa una lógica motivación  por la diferencia en los ingresos recibidos.

La clase médica, que históricamente poseía lo esencial para mantener una vida decorosa, ha sido una de las más perjudicadas por la crisis económica y, en su mayoría, carece de los recursos imprescindibles para subsistir, recurriendo al cumplimiento de misiones como única vía de solucionar, en parte, sus necesidades básicas.

Sin embargo, al confrontar con otros médicos que laboran en países receptores de internacionalistas, se puede notar la tremenda diferencia socioeconómica respecto a los de la Isla. Aquellos, perciben alrededor de cuatro mil dólares mensuales y otros cien por cada guardia que realizan; no pasan largos períodos de tiempo alejados de sus familiares, los que pueden llevar a vivir con ellos o visitarlos cuando estimen; alquilan las casas donde han de residir y compran sus propios autos; además, portan pasaporte, que les permite viajar cuando así deseen y no están obligados a rendir cuentas de sus movimientos. En resumen, negocian personalmente con esos gobiernos sus contratos de trabajo y el pago se les realiza de modo directo.

En cambio, el personal cubano no goza de las anteriores condiciones; tiene que convivir en colectivo; a veces, no se reúnen con su familias hasta pasados catorce o diez y ocho meses; sus movimientos están limitados tanto a determinados horarios como lugares y días; viven con el temor de que cualquier acción individual pueda considerarse no acorde con el comportamiento esperado y derivar en la expulsión de la misión, tal puede ser el caso de recibir dinero de algún paciente agradecido o de aceptar una invitación a cenar. También, están expuestos a la prohibición de llevar a su país artículos  como teléfonos inalámbricos, microwave, computadoras, motocicletas, automóviles, entre otros, aún contando con el dinero para comprarlos y para pagar el servicio de transportación. Hasta la fecha, pese a la incomprensión y disgusto que generan, ningún funcionario del estado se ha preocupado por explicar las razones que justifican tales fenómenos.

Durante esos largos períodos de separación la carencia de afecto cercano trae consigo inevitables consecuencias, entre ellas, las afectaciones sicológicas de dichos profesionales y sus familias que, en no pocos casos, conducen a la disolución de los matrimonios y a las infidelidades; conducta esta que ha comprometido y deteriorado la imagen de los cubanos en el exterior.

El desarrollo de tan hermosa labor en esas regiones cuenta, además, con la agravante del rechazo de partidarios de la oposición y de diferentes sectores sociales, principalmente de los colegios médicos que acusan a los contratados foráneos de ocupar sus puestos de trabajo, subvertir el orden interno y de ser instrumentos utilizados por los gobernantes para la imposición del modelo político de ideología marxista; lo cual entraña un riesgo considerable ante la posibilidad real de alentar y llevar a cabo actos de violencia en contra de los mismos.

No menos meritoria es la labor de los trabajadores de la salud que permanecen en Cuba garantizando la atención médica de toda la población. Ellos, tienen la obligación de asimilar la responsabilidad de los que están fuera, sin recibir ningún tipo de gratificación moral ni material. Muchos, han llegado a manifestar que el exceso de actividad profesional, por demás no reconocido, interfiere en la calidad de sus vidas y de su rendimiento laboral.

Tomando como referencia el promedio estimado de setecientos u ochocientos millones de dólares que nuestro país ingresa anualmente por concepto de prestación de servicios de salud en los distintos países, así como la necesidad de darle una dimensión más humana a las condiciones en las que viven y trabajan quienes aportan su sacrificio por la humanidad y, a la vez, minimizar los elementos de juicio que sostienen el criterio de que los cubanos son “ víctimas de explotación por el estado” y “ la mano de obra más barata del mundo”, tenemos a bien plantear las siguientes sugerencias:

--  Elevar el salario mínimo de los que cumplen misión hasta un lógico nivel, y que,  

     además, el dinero les sea entregado mensualmente y no pasado un año como

     ocurre hasta ahora.

--  Incluir el pago de las guardias, igual que sucede con los internacionalistas de

     otras latitudes.

--  Adoptar medidas para que estas personas no permanezcan tanto tiempo    

     separadas de sus familias y, en los casos posibles, que tengan la oportunidad de     

     llevarlos a vivir con ellos.

--  Eliminar las restricciones que prohíben la libre adquisición de lo que con sus   

     salarios deseen comprar, y de los presentes bien habidos que les ofrezcan.

--  Erogar a los profesionales que en el país suplen la labor de los que no están el

     salario de aquellos que sustituyen y, además, alguna divisa adicional para    

     amortiguar los efectos de la sobrecarga de trabajo y de las propias carencias.

De no ser posible la implementación de las anteriores medidas, entonces recomendamos se informen los motivos que fundamentan la restricción de tales DERECHOS.

Sinceramente, quedo de Ud.,

Dr. Darsi Ferrer Ramírez

Centro de Salud y Derechos Humanos “Juan Bruno Zayas”

Dirección: San Bernardino 265 entre Serrano y Durege, localidad Santo Suárez, municipio 10 de Octubre, Ciudad de la Habana, Cuba. CP-10500.

 

E-mail: darsiferrer@yahoo.com

           Centrosalud_dh@yahoo.com

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