Señor Pedro
Ross Leal
Secretario General de la
Central de Trabajadores de Cuba.
C/C:
Director General de la Organización Internacional del
Trabajo.
Director General de la Organización Mundial de la Salud.
Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba.
Ministro de Salud de la República de Cuba.
Señor:
En los
primeros años de la revolución el éxodo de profesionales de
la salud, dejó a nuestro país con tres mil médicos de un
total de seis mil existentes. Contábamos, en ese entonces,
con un número per. cápita superior al de varios países con
mayor desarrollo socioeconómico.
En aquel
momento no existía un sistema de salud como el actual para
enfrentar la incidencia de enfermedades transmisibles o no,
y que, además, permitiera el control de muchas de ellas.
Una de las
alternativas implementadas por el estado durante esa etapa,
dirigida a solucionar la crisis creada por la repentina
escasez de profesionales en el sector, fue extender los
servicios de salud a los lugares más recónditos y, por ende,
los más necesitados, así como garantizar el servicio de
urgencia en los cuerpos de guardia, el que mejoraron con la
creación de nuevos locales. Esas alternativas pudieron
materializarse por la adopción de medidas tales como: la
supresión del pago de las guardias y la eliminación del
descanso post. guardia; las que fueron aceptadas por la
mayoría de los que se quedaron, por estar enfocadas
supuestamente a apoyar otros planes sociales y a afectar lo
menos posible la economía, y de no aplicarse habría sido
difícil enfrentar la problemática heredada de otros
gobiernos.
En la
actualidad, cuarenta y seis años después de aquella
situación, contamos con más de setenta y cinco mil médicos,
lo que brinda la posibilidad de asegurarle atención de salud
a toda la población y, a su vez, modificar algunas de las
anteriores medidas en función de mejorar “la calidad de los
servicios”que se le oferta al pueblo, y la “calidad de vida”
de sus profesionales.
Ningún otro
profesional cubano desempeña su labor de modo menos
remunerado que los médicos. En ese sentido, el promedio de
las guardias médicas gratuitas de veinte y cuatro horas que
están obligados a realizar oscila entre cuatro y seis para
un periodo de treinta días, en franca violación de lo
dispuesto por el Convenio 1 de la Organización Internacional
del Trabajo, que norma el principio de la jornada laboral de
ocho horas diarias y cuarenta y ocho horas semanales.
Es de
suponer por el tiempo transcurrido, que quienes en su
momento aprobaron las medidas descritas anteriormente ya no
viven, están jubilados o exiliados, sin embargo, estas
siguen vigentes. Se conoce que en diferentes foros se ha
cuestionado la necesidad de mantenerlas, pero no ha habido
respuesta por parte de la Central de Trabajadores, ni de
ninguna otra institución.
Es
comprensible el hecho de que la población no debe prescindir
de los servicios de atención médica las veinte y cuatro
horas del día, se puede hasta llegar a justificar la
imposibilidad del estado de pagar las guardias médicas por
las conocidas limitaciones económicas, pero urge, por el
estado de necesidad, buscar alternativas para mejorar la
“calidad de vida de los médicos” y, por consiguiente, “la
calidad de los servicios ofrecidos a la población”, por lo
que sugerimos:
Variante
que no sería difícil de implementar, por la gran cantidad de
profesionales con que cuenta nuestro país, superior al de
países con mayor desarrollo y extensión territorial, como es
el caso de Venezuela, con cincuenta mil médicos y una
población cercana a los veinte y cuatro millones de
habitantes.
Según las
referencias estadísticas, el sueldo mínimo que se les paga a
los médicos especialistas es de ochocientos dólares
mensuales, al compararlo con los veinte y uno que ganan los
cubanos ( 525 pesos en moneda nacional ) es fácil reconocer
que trabajan por un salario cuarenta veces inferior al de
los peor retribuidos a nivel mundial. El fundamento de tal
situación podría estar en correspondencia con el costo
aproximado de veinte y cinco mil dólares que debe invertirse
en la formación de un galeno, y que en Cuba no se cobra un
solo centavo por ello. No obstante, si a estos profesionales
se les erogara el salario mínimo reconocido mundialmente
estarían en condiciones de retribuirle al estado el costo de
la carrera en menos de seis años aportando la mitad del
sueldo y, además, por un periodo extra podrían contribuir
con la economía del país abonando un porciento del mismo, lo
que resultaría un beneficio tanto para el estado como para
el profesional.
Es
comprensible que el estado no está en condiciones de erogar
siquiera el sueldo mínimo que perciben los de otras
latitudes, cuarenta veces superior al de los cubanos, pero
también se debe entender que resulta imposible alcanzar una
vida decorosa con los salarios del sistema nacional de
salud. Esa desfavorable situación, que conlleva a
condiciones de vida precarias, se calificaría en cualquier
otro lugar del mundo como una “forma moderna de esclavitud”.
Una posible
solución dirigida a revertir esas dificultades podría ser,
permitirle a aquellos que ininterrumpidamente hayan
trabajado en función de la sociedad por un tiempo
determinado, la apertura de consultas independientes luego
de concluida la jornada laboral, o cuando el estado
convenga, cumpliendo con las regulaciones que el mismo
establezca.
En
oposición a la sugerencia anterior podría señalarse el hecho
de que más de veinte mil médicos laboran en países
necesitados de tal ayuda, o la realidad del elevado por
ciento que se ha desvinculado de la profesión para dedicarse
a otras actividades consideradas ilegales, en busca de
mayores ingresos y aun en detrimento de su estatus social.
Sin embargo, con la mitad de los existentes en el país se
pueden hacer dentro del sistema modificaciones beneficiosas
para todos.
Hay quien
podrá asegurar que la adopción de las medidas comentadas
fue un logro de la revolución y estaríamos totalmente de
acuerdo con ese criterio, igualmente creemos que
coincidiríamos en reconocer que en las circunstancia
actuales se impone revalorar la necesidad de su vigencia.
Para no
descartar la posibilidad de que existan los que deseen
continuar trabajando las veinte y cuatro horas y la post.
guardia sin recibir remuneración económica, y quizás estén
en desacuerdo con las sugerencias planteadas, encuestamos
una muestra de quinientos treinta y dos médicos radicados en
las provincias de Ciudad de la Habana y Pinar del Rio, con
la idea de confrontar las opiniones descritas y obtuvimos
por resultado lo siguiente:
-- El
total de los encuestados desea que se les paguen las
guardias y disfrutar del descanso de la post. guardia, o en
su defecto, que se establezcan turnos de trabajo de ocho
horas.
-- En
relación con el salario percibido por las actividades
laborales, todos estuvieron en desacuerdo con el actual.
Por último,
exhortamos que nuestros señalamientos y sugerencias sean
debatidos en los centros laborales de la salud, para que
todos los profesionales del sector puedan ofrecer sus
opiniones al respecto.
En espera
de su comunicación quedo de Ud.,
Dr. Darsi
Ferrer Ramírez
Centro de
Salud y Derechos Humanos “Juan Bruno Zayas”
Dado en Ciudad de la Habana, Cuba. A los 14
días del mes de Abril de 2005
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