Historia de la medicina en Cuba
History of Medicine in Cuba

SECCION DE HISTORIA DE LA MEDICINA
bajo la dirección del Dr. José López Sánchez

HISTORIA Y EVOLUCION DEL USO DE LA ANESTESIA QUIRURGICA EN CUBA *

Por el Dr. José López Sánchez

INTRODUCCION

Un descubrimiento es la culminación de un proceso que se gesta en el devenir del tiempo, al que se le incorporan los elementos cada vez más perfeccionados que proporcionan el desarrollo de la sociedad humana. Cuando se revela da la impre­sión que brota espontáneamente como si fuera el producto único y exclusivo de la mente del hombre. El secreto arrancado a la naturaleza por sorpresa. De ahí lo valedero de la frase de Francis Bacón "mientras no ha llegado a conseguirse una cosa, la gente se sorprende si se le dice que es posible; pero en cuanto se ha obtenido, se admira de que nadie haya pensado antes en ella". Esto afirma que el hombre se resiste a admitir que todo lo que ve, toca o sueña, pueda cambiar o realizarse, pero que cuando el cambio se verifica o el sueño se hace realidad, lo acepta como si siempre lo hubiera estado esperando, como si estuviera seguro de que iba a produ­cirse. Y esto ocurre porque el hombre consciente o inconscientemente sabe que toda la vida, toda la sociedad, es un permanente cambio, que a unas formas suceden otras, en saltos bruscos, como cuando germina de la semilla la planta o surge el dolor en el hombre en su lucha por la vida.

Por siglos la humanidad ha tratado, y trata aún, de aliviar sus sufrimientos tanto los que se engendran en lo biológico como en lo social a través de transformaciones; descubrimientos, que impulsa por la plasmación de las fuerzas históricas y sociales que le sirven de base. Estas transformaciones o descubrimientos se pro­ducen siempre como resultado de un salto de lo cuantitativo a lo cualitativo, y llevan en sí el germen de un nuevo y superior descubrimiento.

El dolor en lo biológico, como la miseria en lo social, son atributos de infelicidad, y la meta ambiciosa del hombre es vencerlos Y lo alcanzará. La humanidad en este último contenido ha conquistado más victorias sobre la naturaleza que los cientos de miles de años que nos separan del comienzo de la historia y los próximos cien años harán que estos triunfos de hoy parezcan ínfimos. Es el destino histórico avanzar siempre y cada día más de prisa, en pos del bienestar del género humano.

Entre los grandes y muy notables descubrimientos producidos en este último centenio, debemos contar con el uso de la anestesia quirúrgica no sólo por lo que ha significado para el progreso de la Medicina, la ciencia que vela por la salud del individuo y persigue, su felicidad por la erradicación de la enfermedad, sino por lo que ha servido como ejemplo de lo que es capaz el espíritu creador del hombre, pues considerada como una utopía hasta la víspera de su descubrimiento, fue aceptada de inmediato universalmente, habiendo impreso indeleblemente su huella en la Ciencia por lo que de humanidad ha representado en la lucha contra el dolor, por lo que de esclarecimiento ha servido para la interpretación de los fenómenos de la vida, por lo que de impulso ha prestado para una concepción más real y material de los profundos y complejos problemas de la actividad del cerebro humano.  

La anestesia humaniza la ciencia médica

Hace cien años, en la mañana del viernes 16 de Octubre de 1846, minutos después de las 10, en el Massachussets General Hospital se hizo la primera demostración de uno de 105 más gloriosos hallazgos de la ciencia. Se suprimió el dolor en las operaciones quirúrgicas. La cirugía practicada como recurso para aliviar, desgarraba -contradicción angustiosa- en gritos dolorosos los oídos de quienes buscaban con el bisturí suprimir el dolor. La tortura, el espanto y el horror se abrían a la mirada ansiosa de quien pretendía abolir el dolor por la cirugía. Cuando esa mañana el Dr.  ]. C. Warren incindió un tumor en el paciente que había sido anestesiado por Morton y el grito dejó de oírse, se había salvado una gran contradicción, se había conseguido la síntesis y la cirugía adquiría su verdadera significación se convertía en un arma eficaz de lucha contra el dolor.

El descubrimiento del uso de la anestesia quirúrgica tiene en cirugía un valor mucho más alto que haber suprimido el dolor. Esto fue su consecuencia inmediata. Sirvió fundamentalmente para transformar el arte quirúrgico elevándolo a la cate­goría de ciencia, e imprimiendo a la Medicina un sentido más profundamente técnico. La anestesia permitió al cirujano intervenir durante más tiempo sobre el cuerpo humano y llegar a vísceras nobles, creando así mayores necesidades en la técnica y en los instrumentos, que tuvieron que hacerse más precisos, pero también más complicados. De esta manera la Medicina plantea ante la industria exigencias cada vez mayores, y a su vez sufre la transformación que ésta le impone, provocando así la más grande revolución que en ella se ha operado: la creación de los medios auxilia­res de diagnóstico, mecánicos, físicos y químicos. En estos últimos años la Medicina ha marchado paralelamente a los progresos de la industria y muy especialmente de la química, la óptica y la electricidad.

De otra parte, el grado de progreso alcanzado por la sociedad a mediados del Siglo XIX, en lo económico y en lo social, y por ende, en lo filosófico y científico, establecen las condiciones óptimas para que el descubrimiento se produjese. La química había puesto a disposición del hombre una gran cantidad de sustancias que podían producir la anestesia. El médico había ahondado en los conocimientos sobre anatomía, fisiología y patología. La sociedad requería más urgentemente conservar la vida del hombre. El industrialismo reemplazaba la habilidad manual por el dominio de la técnica de la máquina. Y todo se enlazaba en una concepción filosófica menos mística y más humana.

Con la anestesia desapareció la cirugía rápida, aquella que era  esclava del tiempo, disociaba la mano del cerebro y que adornaba al cirujano con  los atributos de habilidad, rudeza y precisión y las sustituyó por una ciencia que quien la practica domina el tiempo, conjuga la hábil precisión de su mano con el dictado de su mente y mientras opera piensa en las necesidades, corrige los defectos y comprueba teorías o interpreta nuevos hechos. Así este cirujano que nació después de 1846 tuvo necesidad de contener la hemorragia e introdujo con Jules Peon la hemostasia provisional por forcipresión. Se sintió capaz e inauguró la época de los prodigios de las grandes intervenciones abdominales, para que Joseph Lister se esculpiera una estatua de oro desterrando de las salas de los hospitales la podredumbre séptica aplicando el genial descubrimiento de Pasteur.

Cien años después de su descubrimiento todas las predicciones se han cumplido, todas las esperanzas que hiciera concebir se han verificado y la justicia que se exi­gía para aquél que quemó su vida en una cruenta lucha por su derecho de genio, se ha conseguido. Las cortinas de la envidia, la incomprensión y las intrigas políticas y científicas se han rasgado y aparece solo, circundado por la gratitud humana y el reconocimiento de lo que ha significado en el progreso de las ciencias médicas su descubrimiento trascendente: William Thomas Creen Morton.

Las frases lapidarias inscriptas en el monumento que los ciudadanos de Boston  erigieran en el cementerio de Mount Auburn, a la inmortalidad de su memoria, se han repetido en todos los países del mundo, con palabras distintas pero con igual sentido. Antes de él, la cirugía era un tormento y nos trae el recuerdo de los con­sejos que Francisco Xavier de Córdova ofreciera a sus alumnos, los primeros que iban a  profesar un curso de cirugía en nuestro país, que tuvieran un fondo de caridad inagotable para suavizar las muchas penas que deben sufrir los enfermos de que se van a hacer cargo, desterrando toda idea de crueldad que a nadie conviene menos que al cirujano; adornándose en su lugar de la mayor compasión de las amarguras que se padecen en las enfermedades quirúrgicas.

Desde él, la ciencia ha dominado el dolor. La cirugía le debe la nobleza de su humanismo y jamás hubiera podido ensanchar sus límites sin este poderoso recur­so, jamás hubiera podido realizar los prodigios que hoy efectúa y nunca hubiera logrado convertirse en un eficaz método terapéutico contra el dolor del hombre: la enfermedad. Entre, nosotros lo ha dicho Enrique Núñez con estas palabras: La anestesia suprimiendo el dolor, la hemostasia, provisional, impidiendo la pérdida inútil de sangre y la asepsia y antisepsia, evitando la infección y la muerte, han dotado a la cirugía moderna de una belleza excepcional cualidad atractiva que en todos los tiempos y en todos los países ha conservado su omnipotencia y ante la que se prosterna el género, humano como eterna soberana como ídolo sublime.

Comienzos de la Cirugía en nuestro país

La medicina inaugura la enseñanza superior. En el seno del mismo Convento en que se erigiría la Universidad, ya se habían abierto cursos públicos de medicina que regenteó el Dr. D. Francisco González del Álamo y al que asistieron tres alumnos, los primeros profesores que habría de tener la Facultad de Medicina. Pronto comenzó ésta a adquirir relieve atrayendo una pléyade de jóvenes que más tarde comenzarían a escribir brillantemente las primeras páginas de nuestra historia médica.

Sin embargo, no es hasta fines del siglo XVIII, resultado de circunstancias económicas, políticas y sociales producidas como consecuencia de la toma de La Habana por los ingleses, de la libertad de comercio y de la creación de la prensa, así como de la inmigración que determinó la cesión y venta de posesiones españolas y francesas en el Continente y los movimientos de independencia de las naciones americanas, que comienzan a florecer las artes y las ciencias, cuyos primeros esfuerzos cristalizan en la apertura de un curso de Anatomía Práctica y Cirugía, en 1797, en el Hospital Militar de San Ambrosio y cursos de Química, auspiciados por la So­ciedad Económica de Amigos del País, que profesa Don José Estévez en 1794, y el cual contribuyó grandemente al mejoramiento de la industria azucarera y tabacalera, y por ende al progreso social y económico del país.

En 1824 se crea la cátedra de Cirugía servida por D. Fernando González del Valle y en 1839, después de su regreso de París, Nicolás J. Gutiérrez dicta un curso de grandes operaciones en el Hospital Militar, del que era Cirujano Mayor. Antes de esta fecha sólo se habían practicado pequeñas intervenciones: una opera­ción de bubonocele por Tomás Montes de Oca y la sección tendinosa de las extremidades esternales del esterno cleido mastoideo por Manuel V. Miranda.

Es precisamente en la década del 40-50 que tiene lugar el florecimiento quirúrgico.  Nicolás J. Gutiérrez, Fernando González del Valle y Vicente Antonio de Castro, cirujanos de los Hospitales San Ambrosio, San Francisco de Paula y San Juan de Dios, respectivamente, constituían la trinidad quirúrgica de aquella época de salvación, cabiéndoles la gloria de ser elegidos para practicar las operaciones que a juicio de sus contemporáneos se consideraban más difíciles y peligrosas.

De los tres, sólo Nicolás J. Gutiérrez había hecho estudios complementarios en el extranjero, en Francia, lo que le permitió perfeccionar sus conocimientos qui­rúrgicos, aprendiendo nuevas operaciones y más cuidadosas técnicas. A él se debe la primera tenotomía y la primera talla hipogástrica en 1842, así como las ligaduras de la arteria femoral y la ilíaca interna, la primera rinoplastia, litotricia y el uso de la anestesia por cloroformo.

Fernando González del Valle realizó la primera resección de la mayor parte del maxilar superior izquierdo y la resección de casi toda la base de la mandíbula inferior y Vicente A. de Castro llevó a cabo las ligaduras de las arterias ilíacas externas, la subclavia, la operación del estrabismo y la primera aplicación de la anestesia quirúrgica,

Introducción del uso de la anestesia quirúrgica: éter

El descubrimiento de la anestesia y su primera aplicación en Cuba, a pesar de estarse editando una revista médica. El Observador Habanero, fue dada a co­nocer al cuerpo médico en un diario informativo de la Capital. El sábado 26 de Diciembre de 1846, en el Diario de la Habana, entre las noticias diversas, una nota titulada "Sustituto para el mesmerismo" ofrecía la información del descubrimiento de un método para mitigar el dolor mediante la inspiración de cierto gas ... el cual parece demostrar que es un admirable sustituto para la fastidiosa operación de magnetizar, a fin de hacer ciertas operaciones quirúrgicas.

El 11 de marzo de 1847, en el propio Diario, Vicente Antonio de Castro da a conocer a sus compañeros y al público en general, haber hecho uso por prime­ra vez en Cuba de las inspiraciones del éter, correspondiéndole así la gloria imperecedera de haber sido quien la introdujo en nuestra práctica quirúrgica y que propagara su uso entre los cirujanos, brindándoles a sus compañeros el aparato para administrarla y cuantas nociones desearen en la materia para que alivien a sus semejantes. Fue también el primero que hiciera inhalar a alumnos de medicina con el propósito de conocer de sus efectos,  y  el primer constructor de aparatos para aplicar anestesia.

Aplicación del éter en la cirugía.

A las 7 a. m. del 15 de marzo se presentó en la sala de clínica del Hospital San Juan de Dios, un caballero bastante decente aunque pobre, para que le operase dos hidroceles de 18 años de fecha, usando de las aspiraciones del éter. Le reconocí detenidamente con el Dr. Esteban González del Valle y viendo que no había contraindicación, que el sujeto se había adictado y temperado días antes, resolvimos operarle conforme a sus deseos. Se le hizo aspirar el éter, y cuando perdió la sensibilidad a los 5 minutos, pero no el conocimiento, introduje el  trocal en el lado peor, que era el izquierdo, pues estaba complicado el mal de la túnica con el tejido celular subfibroso; se extrajo la serosidad y se vio que existía un quiste en la parle superior; sepulté de nuevo el trocal en aquel quiste sin quitar la cánula de su sitio y así que salió la serosidad le inyecté yodo. El enfermo no sintió nada absolutamente. Hice quitar el aparato de la boca y puncé el lado derecho; salió la serosidad en abundancia y nada de sensibilidad hubo, pero al comienzo de la segunda inyección dijo el paciente que le dolía un poco, apliqué de nuevo el éter y todo dolor desapareció, hasta dejar la operación concluida.

Hubo un numeroso concurso en el cual se encontraba el Dr. Sánchez  que me pidió delante de todos no olvidara citarle como testigo de la certeza de todo lo expuesto, y también estaba el Sr. Mas y el Dr. Valle, que me acompañó en la operación.

Acto continuo pregunté si entre los entusiasmados y brillantes discípulos de medicina había alguno que quisiera inspirar el éter y nos diera cuenta exacta de lo que sufriese. Se presentó el Sr. de Benítez y hubo lo siguiente: a la primera aspiración tos ligera; en las dos siguientes, esfuerzos incompletos para toser, al minuto sueño completo e insensibilidad absoluta. Se le pellizcó duramente, se le punzó con alfileres en muchos puntos, hasta hacerle sangre y siempre insensible.  Quitóse  el aparato y hasta que no se le hizo aire con el pañuelo no volvió en sí, diciendo, QUE QUERÍA DORMIR  Y QUE ESTABA MUY TRANQUILO, y fue necesario hacerle tocar la sangre que le salió y viera las picaduras para convencerle de que le habían punzado. No daba más explicaciones de sus impresiones que la tos y el sueño

De estos hechos deducimos lo siguiente:

 Primero: Que la máquina de hoja de lata llena tan bien las indicaciones, como la mejor que pueda inventarse o venir de Europa. Su único defecto es la falta de lujo.

Segundo: Que el éter inspirado suspende la sensación táctil y embriaga. Pero, ¿sucederá lo mismo en todos los casos? No lo creemos, antes estamos persuadidos de que una que otra vez, excitará el sistema nervioso y quizás exagere la acción sensitiva. Esto dependerá de la constitución de las personas. Pero cuando se advierte dicho fenómeno, se suspende la operación.

 Tercero: Que puede usarse impunemente de las aspiraciones etéreas siempre que no haya padecimiento cerebral ni pulmonar

 Cuarto: Que la prudencia aconseja no emplearlo en las operaciones de parto, sino cuando no se teme la inercia de la matriz.

Si nuevos hechos favorables o contradictorias se presentaren, lo comunicaremos con fidelidad. Es una cuestión que interesa a todo el género humano, a cuyo alivio he dedicado mi existencia.

Vicente A. de Castro.

Este trabajo científico, el primer artículo original propio sobre anestesia, revela que Castro no hizo un uso accidental del descubrimiento, sino en la medida de sus posibilidades, conocía todo cuanto se relacionaba con este problema y que no bastándole esa experiencia ajena, decidió por su propia cuenta formular opiniones, que denotan una clara intuición clínica de su parte, como es señalar la excitación nerviosa que puede producir y su más importante contraindicación: la de las enfermedades de las vías respiratorias.

Una modalidad de su carácter hizo que a Vicente Antonio de Castro le cupiese el honor de haber sido el primero en Cuba y en Hispanoamérica que hiciera uso del gran descubrimiento de Morton. Cuentan sus biógrafos que le criticaban a Castro que siempre perteneciera a la última opinión emitida, y aunque lo consideran injusto y se aprestan a defenderlo, debemos admitir que esta inquietud por lo nuevo fue lo que le llevó a convertirse en una gloria de la Medicina Americana. Su audaz hazaña de introducir y propagar el uso de la anestesia quirúrgica, cinco meses después de haberse descubierto en Boston y sólo unos 80 días después de estarse usando en el viejo continente de Europa, indican clarísimo talento y espíritu de constante progreso, más aún si tenemos en cuenta que se hizo solo. En su constante deseo de dar solidez a sus conocimientos y ávido de saber, estudió los idiomas francés e inglés para conocer todas las obras que se escribían en el extranjero sobre Medicina.

La aplicación de la anestesia, así como sus proezas quirúrgicas, las realizó en el Hospital San Juan de Dios, antiguo Hospital Militar, primero construido en Cuba en 1568, donde además profesó cursos públicos y gratuitos de Anatomía Descriptiva. Reconocido por todos como uno de los que más contribuyeron al adelanto de la Medicina en Cuba y le proporcionara días de gloria al Claustro Médico, porque constituía un Profesor sagaz y observador, no ha recibido sin embargo el testimonio de las generaciones posteriores por esta grande hazaña tan valiosa, quizás más que la de haber fundado las clínicas médicas y haber demostrado la importancia de la Anatomía Patológica.

Durante todo el año de 1847 se usa en casi todas las intervenciones quirúr­gicas la anestesia por el éter. El Diario de la Habana recoge informaciones extranjeras y la correspondencia que envían los médicos reportando los casos, e informando de los resultados en que se ha utilizado la anestesia. Así, en 31 de marzo, es el propio Dr. Castro quien da a conocer el aparato para las inhalaciones de éter de Charriere y el 13 de noviembre practica la primera amputación con anestesia.

El Dr. Fernando González del Valle da cuenta del primer fracaso en anestesiar a un enfermo, al cual se le estuvo haciendo inhalar éter en gran cantidad por espacio de seis minutos con el aparato de Jackson  y el Dr. Priu hace la recomendación de usar la asociación de morfina y éter.

Desde ahora el nombre de Vicente Antonio de Castro deberá figurar en los fastos de la historia médica cubana, junto al de González Álamo, fundador de la enseñanza médica, Tomás Romay, introductor de la vacuna antivariolosa, Nicolás J. Gutiérrez, fundador de la Prensa Médica y de la Academia de Ciencias Médicas, Fernando González del Valle, creador de la Cátedra de Cirugía y Ángel José Cowley, el adalid de la organización sanitaria cubana.

Uso de la anestesia por cloroformo

En un memorando titulado "Noticias concernientes a la Historia de la Medicina en La Habana". Remitido por el Dr. Nicolás J. Gutiérrez a la Academia de Ciencias Médicas, da cuenta, entre sus contribuciones originales -sin señalar la fecha-o la de haber sido el primero que empleó la anestesia por inhalación de cloroformo, obtenido por el Dr. Luís Le Riverend, para la ablación de un cáncer en un pecho a la señora hermana política del Conde de Fernandina. Algunos historiadores la fijan en 1851; sin embargo, nuestras investigaciones nos llevan a afirmar que la aplicación tuvo lugar entre el 26 de Enero y el 13 de Febrero de 1848.

No existe en la literatura médica ni en los diarios de la época, informes de esta operación. Quizás el Dr. Gutiérrez, por tratarse de una persona prominente, omitió por cuestiones de prejuicios el dar a conocer públicamente el reporte del caso, lo que explica, ratificando nuestro criterio, que cuarenta años más tarde, cuando cesaron los motivos que le impidieron hacerlo, brinde la noticia con el nombre de la paciente, como garantía de veracidad, para salvar a la historia lo valedero de su aporte. Y tanto es así, que en 19 de Mayo de 1848, en una comunicación sobre una amputación realizada bajo anestesia por cloroformo expresa:

"Una Sra. a quien hice aspirar el cloroformo para la extirpación de un tumor de uno de los pechos, dio algunos quejidos y articuló algunas palabras; sin embargo, dijo después que no había experimentado dolor alguno, y que recordaba solamente haber sufrido el disgusto o angustia que experimentan los que están bajo la influencia de una pesadilla".

Esto nos hace suponer que es el caso que refiere el primero en que se hizo inhalar cloroformo para producir anestesia quirúrgica.

El día 23 de Enero el Dr. Luís Le Riverend obtiene el cloroformo, y el 26 entrega al Dr. Gutiérrez una porción para que lo use en el primer caso que se le presente. Y el 13 de Febrero se manifiesta en el Diario de la Habana que se ha comenzado a hacer uso del cloroformo en esta Ciudad. De aquí que afirmemos que es en este lapso de tiempo en el que tuvo lugar la primera aplicación de la anestesia por el cloroformo, es decir tres meses después que Sir James Young Simpson la dio a conocer a la Sociedad Médico-Quirúrgica de Edimburgo.

 

La descripción de los síntomas objetivos de la anestesia por cloroformo se hace por primera vez por Ramón Zambrana, cuando da a conocer la ligadura de la arteria femoral derecha, practicada por José Atanasio Valdés el 8 de Marzo de 1848, en los siguientes términos:

"Pero hay más en este brillante caso de nuestras glorias médicas. El cloroformo aplicado al paciente produjo en cortos momentos la insensibilidad en lodo el cuerpo, y en vez de aquél exhalar ayes lastimeros mientras se operaba, prorrumpió en cantos alegres, pero sin la exageración del delirio exaltado. El cloroformo produjo sin duda una embriaguez análoga a la que ocasionan algunas plantas de las familias de las solanáceas. El enfermo, repito, no experimentó el menor dolor, no tuvo conciencia de la operación hasta que pasados algunos instantes de quitado el cloroformo de las narices, se disipó la acción de este agente precioso, inapreciable, y entonces sólo percibió un ligero ardor insignificante".

La primera observación de muerte por cloroformo, -el Dr. Gutiérrez no la admite como tal-- quizás si ante la perspectiva de que los médicos puedan atemorizarse de su uso y priven a la cirugía y a los enfermos de este precioso recurso. Así, después de hacer una detallada exposición de como se produjo la muerte, afirma que no debe colocarse en el número de las que han tenido lugar en el extranjero, sin que se noten las circunstancias que le acompañaron. En nuestro criterio el enfermo muere en un síncope vascular periférico, intoxicado por exceso de anestesia. Veamos el caso:

“…y se le hizo inhalar cloroformo; antes de dos minutos estaba en un completo estado de insensibilidad en el cual permaneció durante casi toda la operación, y sólo al ligar las arterias dio algunos quejidos y profirió algunas palabras. El encargado de aplicarle este líquido volvió a hacérsele respirar repitiéndose el estado de estupor, pero entonces el pulso se fue perdiendo, el cutis se enfrió, el semblante, antes pálido y cárdeno alrededor de los párpados y otros puntos por efecto de la caída, se desfiguró más y se puso más lívido; la respiración se hacía lentamente y con trabajo y la entrada de aire por las fosas nasales, dilatadas sus aberturas por la separación exagerada de las alas de la nariz, como se verifica en los que sufren el asma, se hacía con fuerte silbido; cóncavas las sienes y cubierta de sudor la frente el enfermo parecía estar en los últimos momentos de su existencia. .. Un poco de amoníaco aplicado a la nariz reanimó algo al enfermo, abrió los ojos, res­piró mejor y quiso articular algunas palabras, pero volvió a caer prontamente en el estado anterior, sin que la continuación del álcali respirado y frotado la región precordial, las friegas secas en el cuerpo los epipásticos, el calor en la extremidad sana, el martillo de Mr. Martín y algunas pequeñas cucharadas de vino y cordiales que pudo tragar con algún trabajo produjesen resultado alguno, falleciendo como una hora después de operado ...

Este caso desgraciado no puede servir de motivo para desistir del uso del cloroformo, privando así a los pacientes y a la cirugía de un método precioso, que bajo ciertas reglas y preceptos, con algunas excepciones que el estudio y la práctica vayan enseñando, dará en lo adelante brillante resultado

 

Entre los operados con anestesia por el éter no figura ninguno del Dr. Nicolás J. Gutiérrez; en cambio, entre los de cloroformo está la ligadura de la arteria ilíaca externa izquierda, ejecutada el 7 de abril de 1848, en la cual, a pesar de haberse negado al principio el Dr. Castro a usar el cloroformo porque no la creía dolorosa, accedió al fin. Lo que ratifica nuestra opinión de que Castro tenía una mente abier­ta a toda innovación, a todo nuevo descubrimiento o teoría. En el caso del Dr. Gutiérrez hay que suponer que le mereciera mayor estimación este agente, que le inspiraba más confianza, porque era un descubrimiento europeo.

Desde 1848 hasta 1916, el anestésico preferido fue el cloroformo. La influencia de la medicina europea, y muy especialmente la francesa, era decisiva entre nosotros. Gutiérrez abrió la emigración hacia Francia y su ejemplo fue imitado por las generaciones médicas que le siguieron. Unos a perfeccionar sus estudios. Otros se decidían por cursar íntegramente la carrera en París. De aquí que todos nuestros conocimientos médicos tengan un carácter especial, el que le ha impuesto la Escuela de París, de la cual hemos recibido todo impulso. De ella salieron los textos en que estudiaron allá o aquí nuestros médicos. Borrero considera nuestro cuerpo médico como una colonia de aquella metrópoli intelectual. Así se explica claramente que el cloroformo haya mantenido durante tanto tiempo su hegemonía porque Francia lo siguió prefiriendo, inclusive en contra de acuerdo tan señalado como el tomado por la Academia de Medicina de Lyon en 1857, y no es hasta las postrimerías del Siglo XIX que comienza a recibir el ataque de sus adversarios y que emprenden aquéllos que se educaron en Estados Unidos, por ejemplo Carlos J. Finlay, quien practicó la oftalmología antes de dedicar su vida científica al descubrimiento genial de comprobar experimentalmente que el mosquito era el agente transmisor de la fiebre amarilla. Finlay se produce siempre en favor del éter y afirma que no administra cloroformo más que cuando es absolutamente indispensable, y para apoyar su tesis declara en 1884 que en los Estados Unidos, Inglaterra y Alemania se usa más el éter que el cloroformo y sólo en Francia se da preferencia a este último.

La cirugía de 1848 a 1878. Comienzo de la cirugía moderna

Desde 1848 hasta 1878, cese de la guerra independentista de los Diez Años, el arte quirúrgico progresa muy lentamente. A los primeros éxitos sucedió un estancamiento porque Cuba tuvo que permanecer alejada del movimiento científico debido a su lucha por la libertad. La juventud cubana vivía deportada, en la lucha conspirativa y más tarde en los campos de batalla. Todo parecía sumido en un ambiente negligente, al extremo de que en 1860 la situación que vivía la clase médica y el estudiantado se describe como de abandono, despreocupación y falta de interés y estímulo.

En una comunicación que dirige Juan G. Havá a la Sociedad de Emulación Médica de París, refiriéndose a nuestro ambiente intelectual en esa fecha escribía: "Cuando una escuela no quiere pasar por el dolor de ver a sus discípulos desertar de sus bancos, debe tratar, ante todo, de ponerse al nivel de los más adelantados, donde afluyen con razón todos los que pueden hacerla. ¿Y cómo se consigue esto? La cosa es fácil en verdad. Haciendo hospitales donde pueda ofrecérsele al pobre todos los recursos que reclaman sus dolencias, al mismo tiempo que se ofrece al discípulo un teatro más extenso a sus especulaciones científicas; abriendo anfiteatros donde la juventud pueda encontrar los elementos necesarios para aclarar sus duda  y descubrir o arrancar nuevos secretos con que enriquecer la ciencia; dejando en plena libertad la noble aspiración del profesorado intra y extra universitario, para que haya estímulo que empuje al hombre al trabajo y al ilustre de su patria; haciendo posible las publicaciones científicas, que mueren en Cuba por falta de materiales positivos  y  por exceso de poesía, a cuya deidad se sacrifica lodo".

A la guerra siguió un período de tiempo durante el cual comenzaba a operarse aunque con gran lentitud, una restauración a la normalidad; pero que entrañaba sin duda alguna, un retraso en la transformación de la Cirugía ya que le impedía asimilarse al ritmo exigido, los métodos y las técnicas modernas. Y si a ello unimos el estado caótico, de la asistencia hospitalaria escasa e inadecuada, sugiriendo con sus recuerdos sueños de terror como los que inspiraban las salas del inmundo hospital situada en los altos de la cárcel, que, había venido a sustituir al de San Juan de Dios, se explica muy bien que sólo podamos comenzar a hablar de cirugía moderna a partir de este decenio de 1880 a 1890.

Es en esta época que nuestra cirugía sentada ya sobre bases racionales y científicas, se interesa en las grandes intervenciones abdominales como resultado de los éxitos de la asepsia y antisepsia, propagados calurosamente por Gabriel Casuso. Así a la Ovariotomía, sin éxito del Dr. Manuel Sánchez de Bustamante en 1878, siguió, en 1881, la Laparo-Histerectomía y Salpingo-Ovariotomía izquierda con resultado feliz, por Cabrera Saavedra y las sucesivas de Plasencia Casuso hacían un total en 1887 de 28 grandes operaciones de vientre, pero con alta mortalidad todavía.

Esta cirugía fue la que comenzó a practicarse en el Reina Mercedes, cuyos resultados dudosos aún llenaban de fe y entusiasmo a los cirujanos, a extremo tal que Enrique Núñez, para contrastarla con la que se practicó sólo unos años antes, declaraba que la cirugía salió de la noche lóbrega y siniestra que parecía envolverla en las tinieblas, para entrar radiante y esplendorosa en el campo de luz que hoy la circunda.

La anestesia general no había incorporado aún adelantos técnicos, aparatos de administración y nuevos agentes anestésicos, manteniéndose en su estadío más primitivo. He aquí como se describe la práctica de la anestesia en 1889:

"La anestesia estaba a cargo de cuatro facultativos: Uno a cada lado sujetando a la enferma y vigilando el estado del pulso, el tercero con un frasco de a libra de cloroformo de Poulene y el cuarto aplicando un cartucho cónico de suero en cuyo fondo se había colocado un algodón impregnado de cloroformo".

Anestesia local

La primera anestesia local fue practicada por Fernando González del Valle, el 19 de Septiembre de 1866, en el Hospital San Francisco de Paula, por el método de pulverización de éter con el aparato de Richardson. Acogida por el cuerpo médico con curiosidad, sólo se practicaron con ella operaciones pequeñas y pronto fue abandonada.

El descubrimiento de la anestesia por la cocaína, proclamado por Kolleren en el Congreso Oftalmológico de Heildeberg el 15 de Septiembre de 1884, fue dado a conocer en una comunicación del Dr. Ramón L. Miranda el 26 de Noviembre y usada por primera vez el 9 de Diciembre por el Dr. Juan Santos Fernán­dez, en un caso que tuvo poco éxito, aunque reconociendo que el obtener la insensibilidad de la córnea al contacto de un cuerpo extraño y el alivio al dolor eran ventajas de consideración.

 

En 1887 el Dr. A. Diez Estorino señala su uso en tópicos sobre las mucosas, habiendo practicado con éxito amigdalectomías en niños. Es la primera mención del empleo de la cocaína como anestésico en las operaciones de la garganta.

En un trabajo presentado ante el Primer Congreso Médico celebrado en Cuba, en 1890, titulado "Estudio sobre el modo de atenuar abolir y combatir los efectos generales de la cocaína y manera de aplicarla en inyecciones sub-mucosas", el Dr. Ignacio Rojas, Dentista, después de señalar que se había venido usando entre nosotros el éter sulfúrico, rigolina, el cloruro de metilo, la esencia de menta y el cloroformo tópicamente, da a conocer que debido a los trastornos generales más o menos alarmante que se presentan y el malestar que experimenta el operado con el empleo de la cocaína, se ha abandonado el uso de este anestésico solo, sustituyéndolo con una combinación de tres alcaloides del opio: morfina. narceína y codeína, con cocaína, cada uno separadamente empleándose en inyecciones sub-mucosas con el fin de atenuar o abolir los referidos fenómenos, siguiendo la técnica de inyectar una de estas tres soluciones, y en el mismo sitio o cerca de donde fue practicada la inyección analgésica aplicar una solución antagonista al objeto de evitar estos trastornos.

La primera operación de cirugía mayor practicada según la técnica de Reclus, anestesia local por infiltración, fue ejecutada en 1901 por el Dr. Benigno Souza, en una cura radical de hernia. El Dr. Bustillo reporta haberla usado por primera vez en 1904, en un caso también de hernia inguinal y declara que ignora si ya se ha utilizado este procedimiento, aunque cree recordar que el Dr. Enrique Fortún lo había ensayado ya. En su artículo "La anestesia local en las grandes intervenciones abdominales", Souza declara que él llevó a cabo por primera vez este método anestésico entre nosotros. Preguntado el doctor Souza si lo había realizado solo o en cooperación con el doctor Fortún, en interés de precisar el dato histórico, nos declaró que ayudando al doctor Presno la había practicado en una apendicectomía y una hernia inguinal.

En este mismo artículo se da cuenta de haber sido empleada por el doctor Gonzalo Aróstegui por primera vez la anestesia esplácnica, según procedimiento de Pauchet, en el Hospital Municipal de La Habana, en dos casos de gastro-enterostomía y una nefropexsia.

En 1921, ante el V Congreso Médico Nacional, el doctor Pereda Gálvez presenta un trabajo sobre este proceder anestésico, "El clorhidrato de quinina y urea en cirugía mayor. La Anestesia de los esplácnicos".

La analgesia en sus distintas variedades ha contribuido poderosamente al desarrollo y progreso de algunas especialidades entre ellas las más notables la oftalmología la otorrinolaringología, la odontología y la ortopedia. Entre nosotros estas ramas se han visto favorecidas por importantes contribuciones como la de Santos Fernández, con la introducción de las inyecciones sub-conjuntivas de cocaína, estovaína, etc.; Emilio Martínez realizando en 1923 la primera laringoctomía con anestesia local; Eduardo R. Arellano sustituyendo con ventaja en la resección sub-mucosa del tabique nasal, la solución de cocaína al 10% por el método de la cocaína en pasta; y los doctores Martínez Curbelo y Hevia realizando la anestesia del plexo braquial para su aplicación en la cirugía ortopédica.

El cloruro de etilo anestesia por refrigeración, fue dado a conocer en nuestro país en una comunicación dirigida a la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, por el doctor Oscar Amoedo, un cubano, Profesor de la Escuela Dental de Francia en la sesión del 4 de febrero de 1892. No existe reporte escrito de cuándo ni por quién se usó por primera vez en nuestro país.

Como anestésico general fue usado este producto regularmente, ya en operaciones de corta duración como para continuarlas después con el cloroformo o sea, en anestesias mixtas, con resultado verdaderamente brillante en el servicio del doctor José Varela Zequeira en 1909.

En 1902 el doctor Ignacio Plasencia introdujo un nuevo anestésico, el Narcotillo que vió usar con resultado satisfactorio en su viaje a New York. Era un compuesto de etilos, preparado por el doctor Bengue que se administraba por medio de una máscara parecida a la de Hirschler. Se empleaba en operaciones de corta duración o asociado con éter o cloroformo afirmando que en los cinco casos que los había usado obtuvo una anestesia rápida sin accidentes, necesitando menor cantidad de cloroformo para continuar la anestesia y con una disminución notable del período de excitación.

Anestesia raquídea

Un año después que Theodore Truffier obtenía la anestesia espinal por la inyección de una solución de clorhidrato de cocaína, entre el tercero y cuarto espacio intravertebral lumbar el doctor Enrique Núñez la llevaba a cabo en Cuba. El 6 de diciembre de 1900 realiza su primera raquianestesia, publicando su trabajo en 1901 con una casuística de 14 intervenciones medianas y pequeñas. En él señala que a su juicio, los pequeños inconvenientes que se advierten en este método, pueden deberse al aumento de la tensión del L. C. R., que se produce cuando la cantidad de la solución inyectada, es mayor que el líquido extraído y cree que en el estado actual de nuestros conocimientos este método por su inocuidad, sencillez y resultados autorizan a utilizarlo en la práctica al lado de la anestesia local y de la anestesia general, aunque sus indicaciones y contraindicaciones no pueden claramente definirse.

Con motivo de haberse señalado en algunos trabajos que fue el doctor José A. Presno quien primero practicara entre nosotros esta anestesia se han suscitado discusiones al respecto. Esto obliga a dejar establecido definitivamente, que fue el doctor Enrique Núñez, el primero que la usó, como se comprueba por la lectura de la Memoria de los trabajos realizados por la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana de 1900-02, presentada por el doctor Jorge Le Roy y en la discusión que con motivo de la comunicación dirigida a esta Sociedad por e! doctor Presno, titulada "La analgesia quirúrgica por inyección sub-aracnoidea lumbar de clorhidrato de cocaína", en la cual el propio doctor Presno felicita al doctor Núñez por ser el primero que ha utilizado entre nosotros este género de analgesia.

El doctor Le Roy trató de presentar como una contraindicación del método en una comunicación oral sobre Histerectomía vaginal por cáncer, las condiciones morales del sujeto en el que iba a practicarse la inyección.

Después de estas primeras prácticas, la raquianestesia fue casi abandonada hasta la aparición de la estovaína, no obstante haberse señalado por el doctor Enrique Barnet, en la sesión en que se ofrecieron los primeros resultados de este procedimiento, que Schwarz estaba usando con éxito la tropacocaína aislada por Giesel Fourneau introdujo la estovaína en 1903, y el doctor González Mármol publicó en 1907 una casuística de 100 intervenciones con raquianestesia por estovaína, señalando además su empleo en Obstetricia declarando que, a pesar del efecto ocitócico que se le atribuye, en seis casos de inercia uterina, no evitó el tener que recurrir a la aplicación de fórceps.

A la estovaína sucedió la tutocaína y a ésta la novocaína (Clorhidrato de procaína) introducida en nuestra práctica anestésica, especialmente espinal, por recomendación del Profesor Arce, de Buenos Aires, en 1921, pues hasta esa fecha sólo se empleaba en otros tipos de anestesia, regional  infiltración, etc.

En el VI Congreso Médico efectuado en 1924 se encuadró el procedimiento dentro del verdadero marco de su valor, concluyendo que no podía erigirse en método general de anestesia, porque no es un método seguro, ya que requiere en las intervenciones algo prolongadas el auxilio de la anestesia general y además por sus múltiples contraindicaciones. No obstante, en las intervenciones abdominales, particularmente las ginecológicas, tiene una indicación preciosa por el silencio abdominal que provoca.

En 1927, vuelve a considerarse la anestesia contraraquídea por un Congreso Médico Nacional en trabajos presentados por el doctor J. de la Guardia. En 1928, el doctor O. Hernández da a conocer la raquianestesia bajo control, según técnica de Pitkin y Porfirio Verde: la anestesia transsacra asociada a la epidural. En 1933 publica el doctor González Mármol una estadística de 280 casos con raquianestesia por percaína, en la que manifiesta que este agente analgésico no producía síntomas de intoxicación, irritación o inflamación de los tejidos, y que la cirugía del abdomen practicada con esta anestesia era perfecta. La estadística incluía 108 casos por infiltración troncular, 22 epidural y 140 espinal o raquídeo en 1938 el doctor Domínguez Ávila hace una nueva comunicación sobre el método, señalando como drogas preferidas la scurocaína, percaína y novocaína. Y en 1945 los doctores Cuervo, Pino y Castro, publican un trabajo sobre anestesia raquídea transabdominal.

La anestesia en cirugía ocular

La historia de la oftalmología comienza entre nosotros en 1848, con la inauguración de una sala de las enfermedades de los ojos en el Hospital Militar de San Ambrosio, bajo la dirección del doctor González Morilla autor, además, de la primera obra publicada sobre esta materia en Cuba. Pero no es hasta 1875, con el doctor Santos Fernández, a quien debe la historia: de la anestesia en Cuba grandes contribuciones, que la especialidad adquiere gran relieve, y muy particularmente la práctica de la anestesia y la analgesia ocular.

Su primer trabajo se publicó en 1879 y lo tituló "De la anestesia en la cirugía ocular". En este artículo hace una revisión histórica del descubrimiento de la anestesia, señalando a Jackson como el primero que tuvo la idea de aplicar el éter como anestésico en 1846. Sugiere el empleo de una mezcla de gases de éter y cloroformo, y refiere haber usado una mezcla de óxido nitroso y cloroformo, sin resultado. Mencionó las tentativas sobre anestesia local llevada a cabo por Hardy en Irlanda, la modificación de la técnica de Richardson por Letamendi y el empleo sin resultado de la rogolina. Se adhiere al criterio de Richardson, que en la anestesia por cloroformo, mientras la respiración persista, no está comprometida la vida, porque es el último moriens y agrega que por eso establece la vigilancia, más bien que sobre el pulso, que no descuida, sobre la respiración, para lo cual pone al descubierto el epigastrio del paciente, cuya constante inspiración le permite seguir y apreciar en todos sus detalles las alteraciones que sufre esta función.

En las conclusiones señala, y es la primera vez, que la anestesia debe confiarse a una persona práctica, es decir, aboga por e! anestesista. Prefiere el cloroformo al éter, por el método de inhalaciones bruscas y prolongadas. Considera que el embarazo no es una contraindicación y se pronuncia, en fin, contra los que exageran las medidas restrictivas para el uso de la anestesia en cirugía ocular.

El doctor J. Santos F Fernández terminó sus estudios en la Universidad Central de Madrid y se consagró por completo a la especialidad de Oftalmología; fue primer ayudante en la Clínica del eminente Profesor doctor Galezowski y ejerció una indiscutible y profunda influencia sobre la medicina cubana durante el último cuarto del siglo pasado y primera década del actual. Discípulo de la Escuela Francesa, fue un defensor ardiente de la anestesia por el cloroformo, lo que contribuyó a hacer de este agente el predilecto entre los cirujanos hasta 1916.

Sus trabajos prueban con qué exigencia defendió el cloroformo del ataque de sus adversarios, entre otros podemos señalar: "La anestesia por el cloroformo en los individuos afectados del corazón", "Del síncope clorofórmico en las operaciones de los ojos", en el que afirma que es posible que estos accidentes puedan prevenirse y que cuando ocurren dejan gran esperanza de salvación; "Reflejo palpebral en la anestesia por el cloroformo", de cuyos signos afirma haberse servido durante dos años, con el cual se ha puesto a cubierto en lo que es posible de los peligros que encierra el indispensable cuanto comprometido acto de la anestesia quirúrgica. En la discusión de este trabajo, Finlay refutó su valor considerándolo además peligroso, pronunciándose a favor de la anestesia por éter. El doctor Gutiérrez, que acababa de regresar de los Estados Unidos, donde había sido sometido a una intervención quirúrgica, recomendó que se usara el protóxido de ázoe que le fue suministrado como anestésico, conviniendo el doctor Santos Fernández en que efectivamente era menos peligroso y más rápido en su acción, pudiendo suspenderse ésta y desaparecer sin tardanza sus efectos. El había ya usado el óxido nitroso en las operaciones de los ojos en 1879, es decir, un año antes de su total reivindicación cuando fue aceptado Kikovich, famas tocólogo de San Petersburgo, siguiendo el método preconizado por James Fax para reemplazar el éter y al cloroformo en las intervenciones de Obstetricia y Ginecología.

El protóxido de ázoe tiene también entre nosotros una historia interesante, pues en 1823 tocó a nuestras playas un charlatán norteamericano con el objeto de hacer demostraciones públicas de los efectos que en los individuos producía la inhalación de este gas. José Antonio Saco, ilustre erudito, escribió unas observaciones en interés de evitar se sorprendiera la credulidad pública, con mengua de la civilización cubana. En este documentado artículo se reproducen las manifestaciones que hiciera Humphry Davis cuando lo respirara por primera vez en 1789. Saco ofreció públicamente repetir estos experimentos y en cumplimiento de esta promesa inhaló e hizo inhalar a algunos individuos repetidas veces el gas, declarando que sus efectos variaban según la constitución de los individuos sometidos al experimento.

"En unos produjo un desfallecimiento tan general, que a pocas inspiraciones más habrían dado en tierra: en otros, una excitación acompañada de risas y saltos alegres; y en otros cólera y carreras, descargando fuertes golpes con las manos en los objetos que encontraban. Notóse en todos, que desde las primeras inspiraciones  comenzaban a cambiar de color, a palidecer, y a adquirir una sombra más o menos lívida; pero algunos no permanecieron en este estado, particularmente aquéllos que se encolerizaban, pues su rostro tomaba un color muy encendido hasta que volvía a su estado natural".

Entre nosotros se usó el protóxido de ázoe por el Profesor Dentista doctor Guillermo Tinker, quien comunicó en el año de 1863 a la Academia de Ciencias, algunos experimentos realizados con él, como anestésico. Es decir, el mismo año en que Colton llegó a New Harven para repetir las demostraciones que desde hacía más de 17 años verificaba con el gas hilarante, y que en esta ocasión decidió al doctor J. H. Smith a ensayarlo de nuevo para iniciar así su reintroducción como agente anestésico.

Santos Fernández fue el que primero aplicó la anestesia por cocaína en la cirugía ocular, introdujo la estovaína en 1905, la alipina en 1,906, así como las inyecciones subconjuntivales de cocaína, de la cual presentó un trabajo en la Sociedad de Estudios Clínicos en 1895, resumiendo sus experiencias en las siguientes conclusiones:

La anestesia ocular por la cocaína ha realizado uno de los progresos más tangibles en la cirugía oftálmica. Las inyecciones subconjuntivas de cocaína permiten practicar sin dolor alguno, gran número de intervenciones; y cuando se pueda llegar a dosis de 5 a 10 ctgr., será posible la analgesia en todos los casos, por lo que a este fin deben dirigirse los ensayos sucesivos.

Santos Fernández escribió la historia de la anestesia desde 1870 a 1910.

Finlay prefería el éter y Guiral se declaraba partidario de las inyecciones subconjuntivales sistemáticamente para obtener la anestesia en las operaciones de catarata.

El resto de los oculistas se dedican sólo a emplear la anestesia por cloroformo en casos excepcionales, para no exponer a los enfermos a accidentes que pudieran ser fatales.

Anestesia y analgesia en obstetricia

El Dr. Martínez  Fortún cita en su "Contribución al estudio de la historia de la Cirugía en Cuba en el siglo XIX" que Tomás Torrado usaba el cloroformo en los casos de parto en 1847. Seguramente la fecha está equivocada, porque habiendo sido, como reconoce él mismo, el doctor Nicolás J. Gutiérrez, quien lo usó por primera vez, no podía el doctor Torrado emplearla en fecha anterior a la de Gutiérrez, que, como hemos demostrado, fue en 1848.

No existe en toda la literatura médica cubana ningún artículo que nos hable especialmente de la anestesia en el parto hasta 1878, en que se publica por el doctor Reyes Zamora, una memoria dedicada a la Academia de Ciencias que tituló "La semianestesia en el parto natural fisiológico", en la que se hace eco del método de Simpson, desarrollado en Francia por CampbeI. El narcotismo -explica­- de que tenemos necesidad para conseguir el objeto está exento de peligro, pues se reduce a sumergir a la parturienta en un estado de sopor intelectual y nervioso, sin llegar jamás a la pérdida completa de la conciencia, porque basta este estado para abolir la percepción del dolor (analgesia), sin que las contracciones de la matriz, causa de ellos, sean atenuadas. Recomienda emplear el cloroformo con el consentimiento de la parturienta, administrándolo por pequeñas dosis y progresivamente al comenzar cada dolor, suspendiéndolo cuando éste haya cesado, dándole preferentemente en el período de la expulsión y en forma moderada de manera que produzca un sueño silencioso y tranquilo que pueda prolongarse hasta tres horas consecutivas, sin inconveniente alguno para la paciente.

En 1901, el doctor Miguel Orellano reporta haber empleado la anestesia quirúrgica por cloroformo en más de 100 partos normales sin el más pequeño contratiempo.

En 1907 el doctor González Mármol usa de la raquianestesia lumbar por la estovaína en Obstetricia, recomendando una dosis de 4 cgr  para lograr una anestesia eficaz.

Como resultado de los ensayos efectuados por el Profesor Ribemont en el Hospital de Beajoun, de París, con la tocanalgina, se introduce en nuestro medio en 1914 esta droga, por el doctor Tomás Hernández, que a la sazón se encontraba en Francia, donde conoció de estos ensayos, enviándonos algunas ámpulas -la primera inyectada por el doctor Bustamante- propagando su uso el doctor Eusebio Hernández en un artículo que tituló "El parto consciente sin dolor". El doctor Julio F. Arteaga sostuvo que a pesar de esto, él seguía prefiriendo el sueño crepuscular, usado por primera vez en 1902 por von Steinbuchel of Graz.

En mayo de 1915 publica el doctor Ernesto R. de Aragón su trabajo “Contribución al estudio de la analgesia en Obstetricia: Nueva fórmula medicamentosa la sedantina". Después de ensayarla experimentalmente en animales, se decide a empleada en gestantes, y con una casuística de 19 casos, da a conocerla recomendando su uso al cuerpo médico. La sedantina es una fórmula original que pretende asociar diversos productos a la escopolamina, sustituyendo la morfina por la heroína, y adicionando la atropina como antídoto de los medicamentos narcóticos y sedantes del cuello uterino y la esparteína como estimulante del aparato circulatorio

 

En el IV Congreso Médico Nacional celebrado en 1917, el doctor Gustavo Cuervo Rubio hace una revisión, la más completa publicada hasta ese momento sobre esta materia. En él discute el valor de las distintas drogas y agentes que se han venido usando tanto en nuestro medio como en el extranjero, declarando su preferencia entusiasta por la anestesia por el óxido nitroso, administrada con el aparato de Mc. Kesson.

Afirma haber usado el hidrato de cloral con resultados satisfactorios distintas veces, para disminuir la excitabilidad y los dolores del primer período, continuando con gas en los dos restantes. Respecto a la raquianestesia con estovaína, se adhiere al criterio de Recasehs que la condena, acusándola de perturbar la marcha del parto. Del sueño crepuscular y de la sedantina, cuyos efectos considera similares, declara que dista mucho de ser inofensivo y que está muy lejos de portarse neutral en cuanto a la marcha del parto. Combate enérgicamente la tocanalgina afirmando que el propio doctor Bustamante se desilusionó con este producto, comprobando en su práctica que los fetos nacían cianóticos y que es inexacto que el poder tóxico de la morfina fuera suprimido por la adición de ciertos fermentos, e incierto su poder ocitócico. Prefiere el éter al cloroformo, y aunque considera que no está resuelta aún la analgesia obstétrica, piensa que sería muy ventajoso ensayar el sistema empleando óxido nitroso y anestesia perineal, para subsanar el punto débil de este anestésico, la frecuencia de las roturas perineales, aunque la usó en un solo caso con resultado incierto.

En 1927, el doctor Luís Hevia introduce el método de Gwathmey para aliviar el dolor en el parto, según la técnica empleada en el Hospital de Maternidad de New York (Lying-in Hospital), inyecciones de sulfato de magnesia y morfina asociado a instilaciones rectales de una mezcla de éter y aceite de oliva.

En una revisión sobre la sinfisiotomía subcutánea, el doctor Ortiz Pérez, en 1925, refiere que se usan preferentemente dos anestésicos: la novocaína y el éter, pero que él se decide por esto último.

La historia del descubrimiento

Cuando se ofreció por primera vez la noticia del descubrimiento de la anestesia, se dijo que los autores fueron el doctor D. T. Jackson, químico eminente de Boston y el doctor Morton, dentista de la misma ciudad. Días después, cuando el doctor Vicente A. de Castro dio a conocer que había usado las inspiraciones de éter con el fin de producir anestesia, aseguraba que había sido el doctor Jackson el primer facultativo que había aplicado a la cirugía los vapores etéreos para evitar los dolores en las operaciones.

Asimismo lo considera el doctor Ramón L. Miranda en su documentado trabajo sobre anestesia local, en el cual hace reseña histórica del descubrimiento, afirmando: A fines de 1846, un distinguido médico y químico americano hizo conocer las propiedades que poseen las inhalaciones de éter para suprimir el dolor en las operaciones quirúrgicas; y por todas partes del mundo el descubrimiento de Jackson fue experimentado y acogido con entusiasmo. En el discurso de contestación a este informe el doctor Luís Ma. Cowley une el nombre de Morton al de Jackson. Pero posteriormente Santos Fernández  vuelve a conferirle exclusividad a Jackson.

Hasta 1894 sólo el nombre de Jackson aparece preferentemente como autor de este grande descubrimiento, recibido con entusiasmo, fe y admiración por los médicos, cuyas alabanzas se recogen tan expresivamente en estas palabras de Cowley: Gracias, pues, a los importantes e imperecederos descubrimientos de Jackson y Morton, el cruel fantasma del dolor ha desaparecido en las operaciones, el ay penetrante que llenaba de angustia y pavor a los enfermos postrados en el lecho del dolor, la maldición del Creador sobre Eva y sus descendientes, condenadas a parir con dolores como uno de los medios de expiar la culpa del pecado, han desaparecido bajo la influencia de los anestésicos. Ese año la Academia de Ciencias conmemora el cincuentenario del descubrimiento y Santos Fernández proclama a Horace  WeIls como el verdadero descubridor y afirma que viene a hacerle  justicia.

Toda la gran tragedia que engendró este descubrimiento dividió a la opinión médica mundial, tomando partido según fuera la influencia que sobre ella se ejerciera. Así, entre nosotros, resulta admisible que durante tanto tiempo se considerara a Jackson como autor del descubrimiento, pues reflejábamos esencialmente las opiniones y criterios de los centros médicos franceses. Y en la gran disputa entre Jackson y Morton, Francia se inclinó al primero, no obstante la exclamación de Velpeau "me resisto a creer que Morton no sea más que un instrumento que ha actuado simplemente siguiendo las instrucciones de Jackson".

No es hasta 1905 en que aparece mencionado, por primera vez entre nosotros, el nombre de Morton como el descubridor de la anestesia en un trabajo del doctor Enrique Barnet, "Concepto actual de la Medicina", cuando expresa: "Merced, a Morton, con la anestesia por el éter; merced a Simpson, con la del cloroformo y merced a Corning con la de la cocaína intrarraquídea,  la sala de operaciones no es ya la sala del terror de los pasados tiempos".

No obstante esto, el doctor Cuervo Rubio, en 1917, en su trabajo Analgesia Obstétrica, se hace eco de la opinión de Gwathmey, que adjudica la primacía del descubrimiento a Crawford W. Long. a pesar de reconocer que la ciencia nada debe a él, por no haber divulgado sus experimentos.

En 1924 el doctor Morales García, en su trabajo de ingreso como Académico de número, afirma: es Morton quien, después de las tentativas de Horacio Wells, utilizó el éter para eliminar el dolor en las operaciones. Este mismo año el doctor Luís Hevia ante el VI Congreso Médico Nacional, haciendo historia del descubrimiento de la anestesia, declaró que a Morton corresponde la verdadera introducción del éter.

Con e! tiempo cada sombra adquiere su verdadera altura, y así, en la distancia de un siglo, la silueta de Morton se perfila en rasgos propios, únicos, como el gran bienhechor a quien la humanidad debe el más poderoso recurso en el alivio del dolor, como uno de los grandes doctores en la historia del progreso médico.
 

Anestesia endovenosa

La práctica sistemática de este proceder anestésico se inicia con la introducción del amytal sódico en 1927, siendo los primeros casos reportados los señalados en las estadísticas de los doctores Lastra y Montenegro. El 6 de diciembre de 1929, el doctor J. A. Presno llevó a cabo la primera tiroidectomía subtotal por bocio tóxico con esta clase de anestesia.

Ese mismo año se introduce la avertina y comienza a desplazar al amytal sódico, particularmente en la cirugía de bocio, donde parece tener la avertina una indicación preciosa.  El amytal sustituye a la morfina como medicación preanestésica.

Al amytal lo reemplaza el Evipán sódico, cuyos efectos clínicos y farmacológicos fueron enunciados en 1932 y del cual se publicó en 1933 el primer artículo sobre su acción anestésica. Entre nosotros, en 1936, los doctores Arazoza y Chomat resumen su experiencia señalando que es un hipnótico profundo, que produce una anestesia muy segura para las operaciones pequeñas y de consideración. En 1941, en un trabajo leído en un staff-meeting del Hospital de la Policía por el Tte. Evaristo Gómez, éste da a conocer los resultados de su uso a grandes dosis.

En 1934, Lundy introdujo el uso del penthotal sódico, por administración intravenosa intermitente, cuyo poder anestésico era más potente que el Evipán. Ampliamente usado en los Estados Unidos, en la Clínica de los Hnos. Mayo, ha tenido también un gran uso entre nosotros. En 1938 publicó el doctor Ricardo Machín las primeras observaciones de anestesia por esta droga. Y en 1945 los doctores Méndez Peñate, Somoano y Godínez, presentan en la sección de anestesiología de la Sociedad Cubana de Cirugía, un documentado artículo sobre el uso de esta droga asociado a la administración de oxígeno anhídrido carbónico. Hoy esta clase de anestesia se practica regularmente, manteniéndose el penthotal como el agente único, con el cual afirman nuestros anestesistas se obtiene una buena anestesia, siempre que sea administrada cuidadosamente.

La anestesia moderna

La historia de la anestesia general en nuestro país, está vinculada estrechamente a dos hospitales, uno continuación del otro. La primera aplicación tuvo lugar en el San Juan de Dios, y cuando sobre sus ruinas se alzó el Hospital Nuestra Sra. de las Mercedes, éste recogió su tradición y continuó impulsando el uso y progreso de la anestesia quirúrgica.

En este último hospital los médicos, después de dos años de internado, tenían el derecho de presentarse como aspirantes a una plaza de anestesista que se disfrutaba por el período de un año, lo que explica por qué muchos médicos distinguidos, clínicos y cirujanos, fueron anestesistas, entre ellos el más connotado, el doctor Luís Ortega Bolaños, más tarde profesor de Clínica Médica de la Facultad de Medicina. En 1907 había realizado ya más de 4,000 anestesias, habiendo publicado en 1906 un trabajo titulado “Breves consideraciones sobre la anestesia publicado en aparatos construidos para su administración", en el que da a conocer los distintos modelos de aparatos que venían utilizándose para la aplicación anestésica, entre ellos el más usado generalmente en Francia, el de Ricard, en el propósito de interesar la atención médica sobre estos avances, oponiéndolo al viejo hábito de utilizar sistemáticamente la mascarilla de Esmach.

Cábele, pues, al Hospital Nuestra Sra. de las Mercedes, el privilegio de haber sido el que primero intentara especializar a médicos en anestesiología, sacando de manos de cirujanos la práctica de esta terapéutica del dolor quirúrgico, realizando así los deseos de Santos Fernández de que la anestesia fuera dada por una persona práctica. En una escuela así tendría que surgir, más tarde o más temprano, un médico que se dedicara exclusivamente a esta rama de la medicina, que la profesara con entusiasmo y que fuera el pionero creador de la especialidad. La gloria le ha correspondido al doctor Luís Hevia, que por inclinación natural decidió toda su orientación profesional hacia la anestesiología. Es el primer médico cubano que la cultivó como su única y exclusiva especialidad.

A 'los seis meses de ser médico interno, se le ofreció la oportunidad de dar anestesia y la aceptó para hacer todo su internado como anestesista. Luego obtuvo esta plaza y, cumplido el término, hace repetidos viajes a los Estados Unidos, y cada vez que regresaba introducía un nuevo descubrimiento o el perfeccionamiento de una técnica nueva. Toda la historia de la anestesia general moderna está vinculada a su nombre.

En 191 6 empezó a usar el método semicerrado, introduciendo en el Reina Mercedes, el aparato inventado por el doctor Montgomery, un aparato muy económico, muy práctico y el más popular de los aparatos de campaña. Esto influyó notablemente en el futuro de la anestesia en nuestro país, porque su gran economía despertó la atención del Director, el doctor 'Emiliano Núñez, que comprobó las considerables ventajas que significaba este sistema sobre el método abierto y lo importante que era la función del anestesista. Significó además el desplazamiento del cloroformo por el éter y la oportunidad para la introducción de nuestros métodos y nuevos anestésicos.

Dos años después inicia el uso de! óxido nitroso-oxígeno, del cual presenta un completo trabajo ante el V Congreso Médico Nacional en 1921, destacando que su empleo como anestésico general entusiasma a todos los cirujanos que se habitúan a su uso. Los laringólogos, oculistas y principalmente los dentistas conocen la enorme utilidad de este anestésico. Ofreciendo datos que le permiten asegurar que la toxicidad del gas, asociado con el oxígeno, es nula y que además resulta insustituible en las operaciones sobre las vías biliares o en los individuos afectos de alguna lesión hepática.

Hevia complementa sus experiencias con el óxido nitroso como anestésico en la práctica quirúrgica, en dos ramas médicas, La oto-rinolaringología, introduciendo la anestesia general en la amigdalectomía, iniciándola con el óxido nitroso-oxígeno por medio del aparato Gwathmey y continuándola con éter con el aparato de Sorency, y en la cirugía oral de cuyos resultados da cuenta ante el undécimo Con­greso de Anestesistas celebrado en New York en 1932.

En 1926 introduce el etileno, es decir, tres años después en que por Luckhardt y Carter se reporta como agente anestésico en las intervenciones quirúrgicas. Y resume sus experiencias en un trabajo que titula "La anestesia por el etileno; etileno­oxígeno como anestésico", que presenta ante el VII Congreso Médico Nacional, y en el cual se adhiere al criterio de Mc. Kesson de que el etileno usado en lugar del éter, reducirá la mortalidad y la frecuencia de las complicaciones en cirugía general.

El ciclopropano dado a conocer por la Universidad de Wisconsin en 1933 fue introducido por él en 1934.

 

Fue además el primer anestesista cubano reconocido como tal por el International College of Anaesthetist y presidió el 17 Annual Congress Anaesthetist, cuyo discurso inaugural lo constituyó su trabajo titulado "Ether as safest anaesthetic in ordinary surgery work in tropics".

Se le encomendó las palabras de apertura de la sección científica sobre anestesiología auspiciada por la Sociedad Nacional de Cirugía en 1944, presidiendo el doctor Alberto Inclán. Este evento ha sido el primero y único que sobre la especialidad se verifica en nuestro país. Sus animadores perseguían el propósito de dejar constituida la Sociedad de Anestesia y Analgesia de Cuba cuyo proyecto, sin embargo no ha encontrado todavía cumplida, satisfacción.

Estos últimos veinte años constituyen, pues, el período de comienzo de la anestesia moderna. Su práctica entre nosotros ha visto incorporar las más perfeccionadas técnicas y los agentes de más reciente experimentación. Seguimos muy de cerca los progresos de la anestesiología norteamericana, asimilando con rapidez sus nuevas conquistas. Lo que puede expresarse objetivamente comparando las estadísticas parciales -un servicio hospitalario- de Lastra y Montenegro en 1931 y de Gómez en 1944, que revelan en un período de más de 10 años nuestros adelantos técnicos en la especialidad. En la primera se reportan todavía casos de anestesia por cloroformo, y el agente preferido es el éter bien solo administrado por compresas o el aparato de Ombredanne, o asociado al protóxico de nitrógeno. Comenzando a experimentar un incremento la analgesia local en sus distintas variedades: infiltración, regional troncular y raquianestesia. Usándose por primera vez la anociasociación, método de Crile protóxido de nitrógeno y analgesia local.

En la de Gómez se revela que la tendencia anestésica sigue el camino enunciado, es decir, predominancia de la analgesia local; raquianestesia, debido a las nuevas técnicas entre ellas el método de Lemmon, y nuevos agentes introducidos, tales como la pantocaína y la nupercaína; anestesias de plexos, tronculares, esplácnica anterior, caudal o sacra, infiltrativa. Sigue la anestesia por gas, inducción por ciclopropano y mantenimiento por éter u oxígeno. Surgiendo la anestesia endotraqueal, la cual ha recibido muy amplia aplicación a los más variados procederes quirúrgicos.

Toda nuestra historia del uso de la anestesia quirúrgica es asimilación rápida de los descubrimientos extranjeros, siguiendo durante todo este siglo, con sus naturales alternativas, a los principales países, en Europa, especialmente a Francia hasta 1916 y a los Estados Unidos desde esa fecha hasta los días que corren. En estos últimos años podemos afirmar que no hay técnica, aparato, proceder o método que no hayan sido ensayados o considerados por nuestro cuerpo de anestesistas. Pero hasta aquí nuestros esfuerzos.

Evidentemente no podemos esperar a contribuir con descubrimientos de excepcional originalidad porque el progreso de la anestesia quirúrgica está directamente relacionado con el progreso industrial del país sobre todo de la industria química y la construcción de aparatos. Sin embargo, entra entre nuestros recursos la posibilidad de ofrecer nuestra experiencia clínica o el perfeccionamiento de alguna técnica o método. Para ello, sin embargo se necesita un desarrollo mayor de especializados, nuestra participación en mayor escala en Congresos internacionales y la ampliación y profundización de los estudios que se vienen ofreciendo por la Escuela de Verano de la Universidad de La Habana.

 Estos cursos inaugurados en 1944 están prestando un gran servicio en la tarea de forjar un número mayor de médicos especializados en esta rama de la Medicina. Sin embargo, pese a sus esfuerzos, no se ha logrado alcanzar un número de anestesistas que permitan cubrir las necesidades actuales. La gran mayoría de los servicios quirúrgicos de hospitales y clínicas privadas carecen por escasez, de anestesistas, lo que hace que todavía muchos cirujanos se vean precisados a administra por sí mismos a su paciente la anestesia, sobre todo cuando se trata de anestesia local y en particular de raquianestesia, y quizás si aquí encontremos una explicación del por qué se mantiene predominantemente como proceder anestésico la analgesia local.

Hay ahora una generación joven y entusiasta de anestesistas, ellos tienen en sus manos el porvenir de la especialidad, esperamos que sabrán difundir sus conocimientos y preparar nuevos médicos especializados. Esperamos que no se contentarán con haberse destacado como rápidos asimiladores de descubrimientos nuevos y se transformarán en innovadores, superando deficiencias técnicas, ofreciendo observaciones clínicas sobre la acción de los anestésicos, y ensayando la posibilidad de experimentar e investigar en este campo, único camino que conduce al éxito, y con ello a la satisfacción espiritual de desenvolver sus propias fuerzas creadoras y la gloria de haber servido a la humanidad.

BIBLIOGRAFÍA

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