Historia de la medicina en Cuba
History of Medicine in Cuba

Apuntes Acerca de la vida del Dr. Tomás Romay.
por el Dr. Antonio Gordon.


El Dr. Tomás Romay y Chacón nació en La Habana en 1769 durante una época en la historia de Cuba en que se empezaban a perfilar las características de la nacionalidad cubana. Hasta hacía muy pocos años cuando en 1762 la flota inglesa invadió la costa norte del oeste de Cuba tomando a La Habana por la fuerza, los insulares cubanos muy frecuentemente se consideraban españoles como el mismo Pepe Antonio conocido defensor insular de la plaza española en contra de los ingleses durante la invasión. La sociedad y la nación cubana, por aquella época, empieza en realidad a delinearse con las enseñanzas del Presbítero cubano Félix Varela Morales a fines del siglo XVIII, tiempo y lugar en donde estaba creciendo y estudiando sus primeros conceptos Tomás Romay.

La última década del siglo XVIII fue una de las más progresistas en cuanto al desarrollo de la isla de Cuba fue la que vió nacer a la nacionalidad cubana.  Por esa época habían ya madurado una serie de reformas en el orden económico y administrativo en el régimen colonial español que estimularon el desarrollo interno en el país. Este proceso no desembocó en un vacío. Por el contrario, encontró en la figura de Don Luis de las Casas un gobernador general de la isla de Cuba capaz y hábil que dejó una marca positiva en la historia colonial de la isla.

En 1790 Las Casas arriba a la isla como gobernador. No era Las Casas ajeno al trajín del gobierno. Ya había sido gobernador de la plaza de Orán en el África del Norte. Pequeño nos resulta el mundo cuando recordamos que fue en Orán, dos siglos más tarde, donde Albert Camus describió su novela "La Peste" de trascendental significado médico y político en la literatura del siglo XX.

Don Luis de las Casas conocía la isla de Cuba por su parentesco con el antiguo general O'Reilly, instrumental en la edificación de la Fortaleza del Morro de La Habana y su muy conocido faro a la entrada de la bahía de la capital cubana La economía de la isla a mediados y fines del siglo XVIII era tal que Cuba contaba con ingresos por aduanas de más de un millón de pesos y las exportaciones de la isla ya habían sobrepasado la cifra de diez millones de pesos al año. En este escenario, Las Casas se rodeó rápidamente de cubanos insulares educados en la isla y en Europa que encontraron en el nuevo capitán general un hombre justo y digno de su confianza. Entre estos cubanos insulares estaba el Dr. Tomás Romay, médico y hombre público cubano que dejó una memoria que los cubanos de la Sociedad Médica Finlay honran al nombrar la sección de nuestra Sociedad "Tomás Romay Initiative" aquella agenda y sección que tiene que ver con la profesión médica en sus tareas diarias, organizaciones, licenciaturas y reglamentos administrativos.

Tomás Romay y Chacón estudió en el Seminario San Carlos en La Habana y muy pronto empezó a realizar estudios en la carrera de leyes pero luego los trocó por los de medicina. Se graduó de La Universidad de La Habana en las cátedras de Medicina y Filosofía y se incorporó al claustro de profesores en la facultad de medicina y en la cátedra de texto aristotélico.

La actividad médica del Dr. Romay se concentró rápidamente en las enfermedades que afectaban a los cubanos en las mayores poblaciones urbanas y mantenían la expectativa de vida en unos 35 años debido en gran parte a las enfermedades infecciosas, en particular, la fiebre amarilla y el cólera. En 1798 publicó  su interesante " Memoria sobre la fiebre amarilla.”  Cuando el Dr. Carlos J. Finlay presentó tres cuarto de siglo más tarde sus trabajos iniciales acerca de la fiebre amarilla en la Real Academia de Ciencias Médicas y Naturales de La Habana presidida por el Dr. Nicolás J. Gutiérrez,  Finlay disertó ampliamente acerca de la " Memoria sobre la fiebre amarilla"  que Romay había dejado para los estudiosos, la profesión y el pueblo cubano. De alguna manera Romay con su quehacer profesional y público se adelantaba a José Martí cuando dijo: “Escribo para hacer después de muerto.” Las contribuciones de Romay no tardaron en abordar otras enfermedades de importancia vital para Cuba y los cubanos. Años más tarde, Romay dirigió su atención a las enfermedades que afectaban a los animales del campo imprescindibles para el progreso agrícola del país.

Más tarde fue médico de la Casa de Beneficencia, de la Casa de Dementes, y del Hospital General de La Habana. Su actividad en la introducción de la vacuna contra la viruela en la isla de Cuba ha sido reconocida históricamente y tenemos que mencionarla aquí. Romay introdujo la vacuna contra la viruela en La Habana antes de que la misma se hiciera presente en muchas partes de la metrópolis colonial española. O sea, la vacuna que Romay introdujo en Cuba no llegó a la isla por los canales del imperio español. No. Llegó a la isla en una barco inglés que atracó en La Habana y Romay adquirió en el mismo las vacunas que inmediatamente analizó y empezó a utilizar. Debido al escepticismo general de época acerca de tales vacunaciones, la peligrosidad de la viruela y el carácter no oficial por el cual las vacunas del Dr. Romay habían llegado a
La Habana, no fueron estos remedios preventivos aceptados por todos inmediatamente. Ante esta encrucijada, Romay, convencido de la efectividad de la vacunación, comenzó públicamente a vacunar a sus hijos primero, tarea por la cual el pueblo en general observó lo inocuo de la vacunación y fue entonces que la población habanera a riesgo de la letal virulencia se pudo empezar a vacunar con las vacunas que Romay había introducido en la isla. Por haber ejercido su juicio y su iniciativa de una manera tan valiente, determinante, independiente y beneficiosa para la población, entre muchos honores, Romay recibió más tarde el título de médico honorario de la Real Familia.

La actividad de Tomás Romay tiene que entenderse desde el polifacetismo del que e; Dr. Carlos J. Finlay era otro ejemplo. Romay era también como Finlay un médico, un hombre de ciencias y de trabajo que buscada cómo ayudar a sus pacientes, a su  país y a sus coterráneos en cualquier agenda o empresa. De esa manera, Romay fue también uno de los fundadores del primer periódico de Cuba, el Papel Periódico.  En el mismo, Romay escribió con entusiasmo acerca de temas médicos y culturales dejándole saber a los lectores de su época y de la posteridad lo mucho que amaba a su tierra cubana. Expresó además sus sentimientos acerca del trabajo del médico, el cual miró como la labor del obrero humano que ejerce su trabajo mental y físico para mejorar a aquellos que comparten la misma tierra, la Patria.

En 1793, Romay fue elegido como socio de mérito en la Sociedad de Amigos del País, organización progresista que agrupó a las clases pensantes y vivas de la Cuba colonial de la época.  Con el crecimiento de su reputación en el campo de la medicina, creció también su actividad como literato, poeta, publicista, político y orador.  En calidad de administrador público y político, organizó la profesión de la medicina en Cuba a través del llamado "protomedicato" y luego re-organizando los planes de estudios de La Universidad de La Habana en donde incorporó la disección de cadáveres en los cursos de anatomía.

No fueron los revolucionarios del régimen de Castro y el comunismo del siglo XX los que primero calumniaron y han tildado de latifundista y esclavista al gran médico y hombre público cubano que aquí nos ocupa. Es cierto que lo han hecho y han propagado tal calumnia por todos los medios de difusión que Castro ha controlado en la isla y en el mundo en su tiempo. En verdad, las primeras calumnias de las que fue objeto el Dr. Romay datan del período de la Constitución del Reino Español de 1812 cuando el médico cubano fue nombrado secretario provincial. Entre los que calumniaban al Dr. Romay por esa época estuvo un tal Dr. Piñeres. No habrá faltado en sus motivaciones algo de aquello que Salvador de Madarriaga más tarde asoció con el temperamento español, la envidia. Romay actúo de una manera digna, publicando su defensa en contra de todas las alegaciones calumniosas en un trabajo intitulado "Purga urbem."

Quizás una de sus últimas actividades públicas como médico se produjo cuando en 1833 se declaró una epidemia de cólera en La Habana. Era precisamente el año en el cual el Dr. Edward Finlay llegaba a Cuba y se instauraba en el lejano y algo desolado Camagüey con su esposa embarazada de nuestro Carlos J. Finlay. Durante la epidemia de cólera, Romay trabajó arduamente pero no fue hasta más tarde después, con las observaciones de John Snow en Londres y la sagaz iniciativa del Dr. Carlos J. Finlay treinta años más tarde en la zanja del Cerro en La Habana que se entendió cómo controlar la propagación del cólera por las aguas contaminadas.

Desde entonces, Romay ocupó la cátedra de clínica médica de San Ambrosio y la presidencia de la Junta Superior de Marina. En los últimos años de su vida su ocupó también en las áreas de la instrucción pública. Pocos años antes de su muerte, se sintió ofendido en su dignidad en algún asunto público y renunció a todos los cargos, empleos y sueldos que tenía. Murió en 1849 en La Habana y años más tarde, su hijo  y Ramón F. Valdés compilaron y publicaron sus "Obras Completas." Queremos aquí en "finlay-online.org", el sitio oficial de la Sociedad Médica Finlay, honrar de esta manera a quien fue un ejemplo de hombre, un ejemplo de médico, un sagaz observador, un preclaro activista en el ámbito y la época que le tocó vivir y un gran cubano. Cuando primero se publicó este artículo, hicimos mención que su nombre y su historia habían sido calumniados por la revolución. En aquel entonces dijimos “ esperamos que los calumniadores de estos tiempos pasen a la historia con el mismo trato que el Dr. Piñeres de principios del siglo XIX en la capital cubana.” Sin embargo, para hemos tomado nota de la publicación en la isla de un bosquejo histórico del Dr. Romay que aunque no se refiere a los insultos que otros le propagaron, sí dan fe para esta y otras generaciones de la labor noble, comunitaria, médica, educativa, y científica que llevó a cabo el Dr. Tomás Romay.

 

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