Historia de la medicina en Cuba
History of Medicine
in Cuba
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Bosquejo
Histórico de la vida del
Dr. Jorge Le
Roy y Cassá,
eminente
médico cubano, denominado
“Padre” de las estadísticas
sanitarias en la isla de Cuba.
Introducción
Se ha hecho bien
en escoger para el Día del Estadístico de la Salud Cubana el
30 de septiembre, pues un día como ese del año 1867 nació en
La Habana el doctor Jorge Eduardo Le
Roy y Cassá (1867-1934),1
sin lugar a dudas el Padre de las Estadísticas Sanitarias en
Cuba.
Bien es cierto
que en el siglo XIX hubo algunas destacadas figuras que
hicieron valiosas contribuciones a las estadísticas
sanitarias en el país, como el doctor Ambrosio González del
Valle Cañizo (1822-1913) con sus justamente célebres “Tablas
Obituarias”, publicadas en La
Habana entre 1870 y 1882, pero nada puede igualarse a la
obra desarrollada por el doctor Le Roy.2
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Dr. Jorge
E. Le Roy y Cassá (1867-1934).
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Su personalidad
científica y su labor en general, se han reconocido
ampliamente en Cuba y en el extranjero, pero quizá la
Oficina del Historiador del Ministerio de Salud Pública ha
sido en nuestro país quien con más persistencia ha
contribuido a la divulgación de su vida y obra.
En 1968 el
académico César Rodríguez Expósito (1904-1972), primer
historiador del Ministerio de Salud Pública, le dedicó el
Cuaderno de Historia de la Salud
Pública No. 37, con el título Centenario del nacimiento del
Dr. Jorge E. Le Roy y
Cassá, por haberse conmemorado
el año anterior tal efemérides, con la autoría del doctor
Raimundo de Castro y Bachiller (1878-1954), eminente médico
legista, académico y catedrático universitario.
Casi una década
después, bajo mi dirección en los Cuadernos, se le dedicó el
número 61 con el título Bio-bibliografía
del doctor Jorge E. Le Roy y
Cassá (1976), erudita obra,
escrita por su hijo el doctor Luis
F. Le Roy y Gálvez (1910-1979),
acucioso investigador de la historia de las ciencias en
nuestro país y también académico y catedrático
universitario.
En estas dos
obras está contenida la información necesaria no sólo para
conocer su vida, sino para poder penetrar en la inmensidad
de su bibliografía, después de la del eminente oftalmólogo
doctor Juan Santos Fernández Hernández (1847-1922), la más
numerosa producida por un científico cubano y valorarla en
las diferentes ramas de las ciencias médicas de nuestro
país, en que la misma es imprescindible.
Y hace sólo dos
años dedicamos el Cuaderno No. 92, con el título de Dr.
Arístides
Agramonte y
Simoni (1868-1931) (2002) a tan importante
y discutida personalidad de nuestra medicina e incluimos en
él, el ensayo biográfico escrito por el doctor Jorge Le
Roy, profundamente crítico, pero
muy justo, así como el índice bibliográfico en el que recoge
toda la obra científica del profesor
Agramonte, por lo que le adjudicamos al doctor Le
Roy la autoría del
Cuaderno.
En la presente
conferencia me propongo exponer brevemente los orígenes
familiares del doctor Le Roy, su
formación científica, lo notable de su quehacer en la
docencia universitaria y asistencia médica, la magnitud de
su labor científica en general y destacar la importancia de
su obra en el campo de las estadísticas sanitarias en Cuba.
Origen
familiar y formación científica
Los Le
Roy constituyen una familia de
origen francés que llegó a Cuba en los años finales del
siglo XVIII y el primero de ellos cubano lo fue
Luis Florencio Le
Roy y
Giraud (1803-1856), abuelo del doctor Jorge Le
Roy, que nació en Ceiba Mocha,
Matanzas en 1803. Su hijo Luis
Juan Le Roy y
Rouviere (1828-1881), es el
primero de la familia, natural de la Isla, que estudió una
carrera universitaria y lo hizo en las Universidades de
París y La Habana, para graduarse en esta última de
Bachiller (1858) y Licenciado en Medicina (1859) con la
tesis “El estado moral del paciente sugiere al médico
modificaciones en el tratamiento de las enfermedades”.3
El licenciado Le
Roy
Rouviere va a ejercer su profesión en La Habana hasta
su fallecimiento el 27 de enero de 1881. Casado con su prima
hermana Francisca Josefa Cassá
Rouviere (1837-1874), de su
matrimonio nacerán cuatro hijos: Ernestina, Alberto
(1859-1881) que falleció cuando cursaba en la Universidad de
La Habana el cuarto año de la carrera de medicina, Rosa y
Jorge Eduardo.
Huérfano de
madre a los seis años y de padre a los trece, Jorge Eduardo
queda, al cuidado de sus dos hermanas, las que gracias a la
ayuda económica recibida de un familiar acaudalado, don Juan
Salvador Elizalde
Giraud, mantienen su hogar y
logran completar los estudios del hermano menor.
En el afamado
Colegio “La Gran Antilla”, bajo la dirección del prestigioso
pedagogo don Lorenzo Mestres y
Más, a quien Jorge Eduardo siempre llamará “mi primer mentor
intelectual”, cursa la enseñanza media, para graduarse de
Bachiller en Artes o Filosofía en el Instituto de Segunda
Enseñanza de La Habana, con nota de sobresaliente, el 27 de
septiembre de 1882, aunque el título se le expidió el 14 de
febrero de 1883.
Ingresa en la
Real y Literaria Universidad de La Habana, como su padre y
hermano, para estudiar la carrera de medicina, en este caso
por el plan de estudios de 1880, que comprendía el Período
de la Licenciatura, que constaba de seis años y uno final
correspondiente al Período del Doctorado.
En el curso de
1882-1883 aprueba el primer año y siempre con altas
calificaciones logra graduarse de Licenciado en Medicina el
22 de septiembre de 1888 y se le extiende el título el 5 de
octubre siguiente. Este diploma lo capacitaba legalmente
para el ejercicio de la medicina sin limitación alguna.4
Junto con sus
estudios en la Facultad de Medicina, en el “Hospital de
Mujeres de San Francisco de Paula” comenzó a trabajar como
practicante el 2 de julio de 1883, al inicio mismo de la
carrera y se mantuvo en el cargo hasta el 25 de septiembre
de 1888, en que lo renunció al recibir el título de
licenciado en medicina. También laboraba, para ayudar a
sufragar sus estudios, como escribiente de la Secretaría del
Gobierno General, cargo que obtuvo por oposición en 1885 y
que mantuvo hasta 1891.
Las asignaturas
correspondientes al Período del Doctorado las aprobó con
notas de sobresaliente en el siguiente curso de 1888-1889.
Realizó los ejercicios de grado, en los que presentó su
tesis “Vómitos incoercibles de las mujeres embarazadas”, el
18 de noviembre de 1890 y recibió igualmente la calificación
de sobresaliente. La investidura solemne se llevó a cabo en
el Aula Magna de la Real y Literaria Universidad de La
Habana el 23 de abril de 1892. Culminaban así,
brillantemente, sus estudios médicos en Cuba, pero sus
ansias de saber no estaban satisfechas.4
Tres días
después de la solemne investidura recibía su título de
Doctor en Medicina y cuatro días más tarde embarcaba para
Europa, con el fin de ampliar sus estudios, donde va a
permanecer por espacio de año y medio. En la Facultad de
Medicina de París estudió con grandes maestros de la
medicina francesa: Obstetricia con
Adolphe Pinard
(1844-1934) y Constant
Budin (1846-1907) en la Clínica
Baudeloeque; Histología,
Microscopía Clínica y
Bacteriología con Latteux e
Isidore M.
Strauss (1845-1896); Ginecología en el Hospital
Loucirne-Pascal con Samuel J.
Pozzi (1846-1912); Medicina
Interna con George
Dieulofoy (1839-1911) y
Maurice
Débove (1845-1920); Medicina Legal con
Brouardel y
Vibert, autores de los famosos tratados de
Medicina Legal
y de Toxicología y
Urología con el genial cubano Joaquín
Albarrán Domínguez (1860-1912)
en el Hospital Necker.5,6
En París se hizo
construir por la Maison
Charriere-Collín,
en septiembre de 1892, un fórceps ideado por él para el
estrecho superior y para la excavación, que consistía en una
modificación del de Elliot, en
su mango y de los de Pajot y
Tarnier, en sus cucharas,
desmontables y utilizables en las aplicaciones en el
estrecho superior y en el inferior. También le fabricaron,
de su autoría, un estetoscopio desmontable y aplicable a la
auscultación del vientre, del corazón y de los pulmones. Del
fórceps ideado por él la casa Collin
le construyó dos modelos, uno grande y otro pequeño, que se
conservan en la actualidad en el Museo de Historia de las
Ciencias “Carlos J. Finlay” de La Habana.7
Ejercicio de
la docencia y la asistencia médicas
A menos de un
mes de graduado de licenciado en medicina, el doctor Le
Roy fue nombrado por Decreto
Rectoral de 12 de octubre de 1888 ayudante facultativo de la
Clínica de Obstetricia de la Facultad de Medicina de La
Universidad de La Habana, con sede en el "Hospital de
Mujeres de San Francisco de Paula", cargo en el que fue
confirmado por decretos anuales, hasta que a su regreso de
París, por los conocimientos adquiridos y por la labor
docente tan encomiable que había realizado con anterioridad
como ayudante facultativo se le designó, el 30 de diciembre
de 1893, catedrático auxiliar supernumerario.
Este nuevo cargo
docente conllevaba el desempeño de cualquier cátedra que
vacara por ausencia transitoria
de su propietario, lo que ponía a prueba la preparación
general de los jóvenes catedráticos. El doctor Le
Roy en los cuatro años que lo
ocupó dictó, con singular eficiencia, las cátedras de
Histología y Anatomía Patológicas, de Enfermedades de la
Infancia y la de Clínica de Obstetricia.
Fue tan
convincente su labor que el 18 de agosto de 1897 se le
nombró por decreto del Gobernador General, catedrático de
Medicina Legal y el 8 de noviembre del propio año se le
designó, por Real Orden de dicha fecha, catedrático interino
de Medicina Legal y Toxicología.8
El curso
académico de 1897-1898 fue el primero y a la vez el último
que desarrolló el doctor Le Roy
en la enseñanza de esta disciplina a él encomendada y que
explicó con el entusiasmo y empeño con que sólo sabe hacerlo
quien tenga verdadera vocación para la docencia. Su claridad
didáctica y habilidad para transmitir los conocimientos se
lo comentaron en repetidas ocasiones a su hijo y biógrafo,
el doctor Luis F. Le
Roy y Gálvez, algunos médicos
eminentes que fueron sus alumnos, como los doctores Benigno
Souza Rodríguez (1872-1954) y Clemente
Inclán Costa (1879-1965).
El 24 de agosto
de 1898 terminó oficialmente la última de nuestras guerras
independentistas contra España (1895-1898) y el 1 de enero
de 1899 comenzaba, también oficialmente, la primera
ocupación militar de los Estados Unidos de Norteamérica en
nuestro país (1899-1902).
En la
Universidad de La Habana se van a producir grandes cambios,
en 1899 se pone en vigor un nuevo plan de estudios, conocido
como Plan Lanuza, por ser en esos momentos Secretario de
Instrucción Pública y Bellas Artes, el eminente profesor
universitario doctor José A. González Lanuza (1865-1917),
quien fue además su principal inspirador y un año después se
llevaba a cabo una profunda reforma de estudios que
comprendía desde la enseñanza pre-escolar
a la universitaria y que se conoce con el nombre de Plan
Varona, por haber sido su autor, entonces Secretario de
Instrucción Pública y Bellas Artes, el eminente pedagogo y
filósofo positivista doctor Enrique J. Varona y Pera
(1849-1933).9
Nuevos
nombramientos ratificaron en sus cargos a numerosos antiguos
catedráticos y llevaron a la enseñanza universitaria a
jóvenes profesores, pero el doctor Le
Roy no fue ratificado en el suyo y esta evidente
injusticia, producto de las bajas pasiones humanas, privó a
la juventud cubana de recibir las enseñanzas, seguramente
por tres décadas más, de un erudito médico y consumado
docente.
Junto con esta
labor en la enseñanza superior y con posterioridad a ella,
va a realizar el doctor Le Roy
una no menos importante labor médica asistencial. El 19 de
diciembre de 1888 se le nombra médico interno de la
prestigiosa institución mutualista Quinta del Rey en la que
permanece hasta el 28 de febrero de 1890.
Sin lugar a
dudas, por el entrañable cariño que siempre sintió por el
"Hospital de Mujeres de San Francisco de Paula" y por el
cargo docente que en él desempeñaba, es que el doctor Le
Roy aceptó el nombramiento de
médico honorario, del mismo, el 7 de julio de 1890 y en él
va a pasar por las diferentes escalas de la carrera
hospitalaria de la época, como médico de entrada, médico
segundo y médico propietario hasta el final de su vida.
Como prueba
fehaciente de su lealtad y cariño por la institución nos
dejó su libro Historia
del Hospital San Francisco de Paula (1958), obra
de 567 páginas y 55 valiosas láminas, modelo de historia de
la atención médica secundaria en nuestro país, que fue
publicada por su hijo como obra póstuma y en el que se narra
no sólo la historia del hospital sino también la de la
ermita y la iglesia unidas a él.10
Un aspecto poco
destacado de su labor asistencial es el que se refiere a su
interés por la hidrología y la climatología médicas,
producto de la influencia francesa en su cultura científica,
lo que hizo que ocupara la plaza de médico director de aguas
minero-medicinales de San Vicente, en la provincia de Pinar
del Río, por un año (1895-1896), con el sacrificio que su
traslado a ese lugar representaba para él y que después
ocupara igual plaza en las de Santa Rita,
Guanabacoa, también por un año
(1896-1897).
A pesar de los
numerosos cargos que como salubrista
desempeñó, nunca dejó el doctor Le Roy
de ser médico del Hospital de San Francisco de Paula, del
que llegó a ocupar su dirección y además ejercer, por corto
tiempo, en otras instituciones de la atención médica
secundaria, como la Casa General de Enajenados de la Isla de
Cuba (1896) y la Casa de Salud “La Purísima Concepción” de
La Habana (1926).
Obra
científica
La bibliografía
médica producida por el doctor Le Roy
no sólo es la segunda más numerosa publicada por un
científico cubano, sino que es de las más valiosas de
nuestra medicina y por la importancia de sus estudios
biográficos, bibliográficos e históricos se hace
imprescindible para el conocimiento de la historia médica
cubana.
El índice
bibliográfico recopilado por su hijo11
comprende 3 libros, 27 folletos y 634 artículos, ponencias,
ensayos, informes, índices bibliográficos, elogios y otros
trabajos. Sus libros, además del ya citado sobre la historia
del Hospital de San Francisco de Paula, su obra póstuma, lo
son: Desenvolvimiento de
la Sanidad en Cuba durante los últimos cincuenta años.
1871-1920 (1921)12
con introducción de uno de los
sanitaristas más importantes de Cuba y América, el
doctor Juan Guiteras Gener
(1852-1925), una breve síntesis del estudio fue publicada en
la “Revista de Medicina y Cirugía de La Habana”, en el
Boletín de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y en "The
Journal of
Public
Health Association de
Chicago" y Bibliografía
del Dr. Juan Santos Fernández (1916),13
en el que demuestra la extensión de la obra de una de las
figuras más eminentes de nuestra medicina, al recopilar 928
títulos bibliográficos de su autoría.
Desde los días
de estudiante de medicina, su dedicación a la obstetricia lo
llevó a producir sus primeros trabajos científicos, como el
titulado “¿Los vómitos incoercibles del embarazo dependen de
las modificaciones que sufre el útero en su evolución
fisiológica o entran otros factores a los que racionalmente
debe atribuírseles el fenómeno?” (1887). Esta importante
complicación del embarazo le servirá de tema para su tesis
doctoral, ya citada.
Otros trabajos
suyos sobre obstetricia de esta primera época, lo son los
dedicados a septicemia puerperal: “Notas clínicas sobre
septicemia puerperal” (1895), “Un caso sobre septicemia
puerperal; curación” (1896) y “Un caso de paludismo
puerperal de forma larvada” (1892), trabajo de ingreso en la
Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana. Pero el más
importante de sus estudios en la especialidad lo es
“Presentación de tronco. Ruptura uterina. Operación de
Porro” (1900), en el que da a conocer la primera vez que se
practicaba en Cuba la operación cesárea, seguida de
extirpación de útero, ovario y trompas, por la técnica de
Eduardo Porro (1842-1902), connotado ginecólogo italiano, la
que fue llevada a cabo por el doctor Le
Roy, ayudado por el notable tocólogo doctor Ernesto
Aragón Muñoz (1868-1920).14
La culminación
de su profunda vocación por la obstetricia nos la dio en su
trabajo de ingreso como académico de número de la Academia
de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana
“Apuntes para la historia de la obstetricia en Cuba” (1903),
anuncio de una obra mayor que nunca llegó a terminar, de la
que nos dio otro aviso en su artículo “Sobre la Historia de
la Obstetricia en Cuba” (1903).
Su sólida
formación médica en general le permitió publicar sobre
afecciones de muy diferentes especialidades: “Fístulas
uretro perineo
escrotales” (1888); “¿A qué está
obligada la Administración Pública en los casos de viruela?”
(1888); “Cáncer atrófico de la mama izquierda, extirpación,
curación” (1895); “Notas clínicas sobre un caso de paludismo
grave” (1899); “Analgesia quirúrgica
intrarraquídea por inyección de clorhidrato de
cocaína” (1901); “¿Existe en La Habana la fiebre
recurrente?”(1901); “Elefantiasis del pene” (1903); “Las
aguas del manantial de la cantera de San Francisco de Paula”
(1906); “Psiquicultura; estudio
sobre los anormales” (1913); “Estudio
geo-físico y climatológico de la Isla de Cuba” (1922)
y hasta de teratología vegetal “Presentación de un monstruo
vegetal: Bromelia
ananas. Lin. Piña” (1904)
Su interés por
la infectología y dada la
importancia que tenía para Cuba, lo hizo estudiar
concienzudamente la fiebre amarilla, sobre la que publicó 22
trabajos
11,
entre los que quiero destacar: “Fiebre amarilla: parto,
hemorragia, septicemia puerperal, curación” (1887), “Un año
completo sin fiebre amarilla en La Habana ” (1902), Segundo
aniversario de la extinción de la fiebre amarilla en La
Habana (1903) (folleto), “Fiebre amarilla: acerca de su
transmisión por el mosquito” (1903), “Sobre la fiebre
amarilla y su origen telúrico” (1907 ) La primera epidemia
de fiebre amarilla en La Habana en 1649 (1927) (folleto) y
“Nuevos datos etiológicos de la fiebre amarilla” (1928).
Por todo ello,
pocos como él para defender la gloria del descubrimiento de
su Maestro y amigo el doctor Carlos J. Finlay
Barrés (1833-1915), sobre el que
escribió 26 importantes estudios,
11
de los que sólo citaré: “Bibliografía del Dr. Carlos J.
Finlay” (1912), “Elogio del Dr. Carlos J. Finlay” (1918), “
La Doctrina de Finlay en la fiebre amarilla” (1924),
“Reivindicación de la gloria de Finlay” (1927), “Otra
omisión de Finlay. ¿Ignorancia o mala fe?” (1930) y
“Honremos un apóstol de las ciencias” (1932).
Y no lo fue
menos su vocación y preparación en medicina legal, de la que
dio muestras en su larga labor de peritaje en la Academia de
Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana y otros
informes, que ascienden a 54 bibliografías
11
y de las que sólo diré que su memoria “¿Quo
tendimus?. Estudio médico-legal
sobre el suicidio en Cuba durante el quinquenio de 1902-
1906” (1907), fue laureada con el Premio “Dr. Antonio de
Gordon” de Medicina Legal, en el concurso de 1907 celebrado
por la propia Academia.
Pero quizá una
de las ramas del conocimiento médico que más se benefició
con su incansable poder de creación, fue la historiografía
médica cubana, a la que aportó estudios biográficos, en
forma de elogios, de los doctores Ignacio
Plasencia y
Lizaso (1843-1913), Gustavo López García (1860-1912),
Antonio M. Gordon y Acosta (1848-1917), Enrique B.
Barnet Roque de Escobar
(1856-1916), Vicente de la Guardia
Madán (1850-1919), Arístides
Agramonte y Simoni y
Nicolás J. Gutiérrez Hernández (1800-1890) y estudios
bibliográficos sobre la obra de los doctores José E. Díaz
Martínez (1854-1911), Enrique Acosta Mayor (1861-1911),
Gustavo López García, Antonio M. Gordon Acosta,
Luis M.
Cowley Valdés-Machado (1833-1917), Raimundo G.
Menocal y G.
Menocal (1856-1917), Francisco
Paradela
Gestal (1846-1918), Vicente de la Guardia
Madán, Guillermo J.
Benasach Espinosa (1848-1921),
Antonio M. Gordon Bermúdez (1870-1922), Gabriel
Casuso Roque (1851-1923), Juan
Guiteras Gener, Octavio
Montoro
Saladrigas (1891-1960) y Arístides
Agramonte y
Simoni, así como otros estudios históricos.11
Padre de las
Estadísticas Sanitarias en Cuba
Su obra mayor,
la que lo ha inmortalizado en la historia de la medicina
cubana, lo es sin lugar a dudas la que realizó durante tres
décadas en el campo de la demografía y la estadística
sanitarias de nuestro país.
Establecida la
primera ocupación militar de los Estados Unidos de
Norteamérica en Cuba (1899-1902), se crea la Comisión de
Fiebre Amarilla presidida por el doctor Carlos J. Finlay,
quien conocedor de los méritos científicos del doctor Le
Roy, lo nombró Secretario de la
misma el 2 de septiembre de 1901 y comienza desde entonces
su estrecha colaboración con el genial investigador cubano,
que se mantendrá hasta la jubilación de éste en 1908.
Independizado
formalmente nuestro país y establecida la República Liberal
Burguesa el 20 de mayo de 1902, el Secretario de
Gobernación, doctor Diego Tamayo
Figueredo (1853-1926), médico eminente, académico y
catedrático universitario nombró al doctor Finlay Jefe
Nacional de Sanidad, pues no existiendo aún la Secretaría de
Sanidad y Beneficencia, la organización de la salud pública
estatal dependía de la Secretaría de Gobernación.15
El doctor Finlay,
a quien le cupo también la gloria de haber fundado como
salubrista la organización de la
salud pública republicana, va a ser el creador de la
Jefatura de Estadística, cargo que inaugura con el
nombramiento a su frente del doctor Le
Roy, el 23 de febrero de 1903.
A esta nueva
actividad, reconocida desde entonces en Cuba como una
responsabilidad absoluta de la organización sanitaria
estatal, va a dedicar el destacado tocólogo todo el poder de
su gran talento. En el Manual de Práctica Sanitaria,
publicado en 1905, máxima expresión de la Escuela Cubana de
Higienistas de principios del siglo XX, redacta el capítulo
sobre “Estadística Demográfica” y ese mismo año en el I
Congreso Médico Nacional celebrado en La Habana del 20 al 23
de mayo, presenta como tema oficial del evento su brillante
informe “Estadística sanitaria en Cuba”, en el que recoge la
labor realizada hasta ese momento en la Jefatura, así como
su trabajo Contribución al estudio de la mortalidad
producida por el tétanos en la República de Cuba, ambos con
cuadros y gráficas, este último publicado en folleto y los
dos reproducidos en la Revista Médica Cubana.
Después de la
segunda intervención militar de los Estados Unidos de
Norteamérica en Cuba (1906-1909), el 28 de enero de 1909
surge nuevamente la República y ese día entra en funciones
la Secretaría de Sanidad y Beneficencia, primer Ministerio
de Salud Pública del mundo.15
La Jefatura de
Estadística va a cambiar su nombre por el de Jefatura de
Demografía Sanitaria Nacional y años más tarde se le
denominará, Negociado de Demografía Sanitaria Nacional. Con
todos estos nombres se mantendrá a su frente el doctor Le
Roy, al que respetaron siempre
todos los gobiernos, ya fueran liberales o conservadores o
revolucionarios en 1933 a la caída de la dictadura del
General Gerardo Machado Morales (1871-1939), a pesar de no
haber pertenecido a ningún partido político.
La nueva
Secretaría contará como órgano publicitario con el Boletín
de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia y en él
aparecerán los “Informes Sanitarios Demográficos de la
República de Cuba” redactados por el doctor Le
Roy y sus colaboradores. Los
primeros serán: “Estadística sanitaria y demográfica de la
República de Cuba, correspondiente al año 1908” e “Informe
anual sanitario y demográfico de la República de Cuba, año
1909, con datos estadísticos correspondientes al decenio
1900- 1909”, ambos publicados en el Boletín en 1910.
Otro de sus
primeros trabajos que considero de gran significación es
“Estadística demográfica sanitaria; importantes reformas” en
el que reproduce el informe presentado al Jefe Nacional de
Sanidad, doctor Finlay, en diciembre 2 de 1907, acerca de la
necesidad de reformar el servicio estadístico de la
República de Cuba, basándolo en los boletines unipersonales
para los matrimonios, nacimientos y nacidos muertos,
semejantes a los usados para las defunciones, publicado en
el Boletín de octubre de 1909.
Las
“Estadísticas sanitarias y demográficas de la República de
Cuba” serán de frecuencia mensual a partir de septiembre de
1909, con resúmenes del año, las que aparecerán en el
Boletín hasta 1929 y a partir de 1930 permanecerán inéditas
las últimas redactadas por él. El doctor Le
Roy ocupó también, por muchos
años, la dirección de tan importante publicación periódica
oficial de la salud pública cubana, como lo fue el Boletín
de la Secretaría de Sanidad y Beneficencia.
Muy numerosos
fueron los trabajos sobre estadística y demografía
presentados por el doctor Le Roy
en eventos médicos nacionales, internacionales y extranjeros
o publicados en la prensa especializada del país o foráneas,
de los que solo citaré: “Paludismo en Cuba; estudio
demográfico” (1910), “La Difteria en Cuba; notas
estadísticas” (1914), “La mortalidad infantil en Cuba; notas
demográficas“ (1914), “Estadística sanitaria en Cuba;
estudio de su población” (1915), “Longevidad en Cuba,
estudio demográfico” (1917), “Fenómenos observados en la
vida de los cubanos. Considerable aumento habido en el
número de los matrimonios” (1918), “Notas demográficas sobre
gripe en La Habana” (1918), “Mortalidad por cáncer en Cuba
durante los últimos veinte años, 1900-1919” (1921), “Cuba ha
tenido la más baja mortalidad mundial en 1927-1928” (1928) y
“Mortalidad y morbilidad infantiles en Cuba” (1928).
La obra total
del doctor Le Roy sobre
demografía y estadística sanitaria reúne 192 bibliografías11
y es suficiente para escribir la historia de tan
imprescindible rama de la salud pública de 1900 a 1934 y en
su monografía Desarrollo de la estadística demográfica en la
Isla de Cuba (1915), una síntesis de la cual fue presentada
en el II Congreso Científico Pan-Americana, Washington DC.,
el 30 de diciembre de 1915, nos da la más acabada visión de
los orígenes y desarrollo histórico de las estadísticas
sanitarias en Cuba hasta ese año.
Su prestigio fue
reconocido ampliamente por las dos más importantes
organizaciones sanitarias internacionales de la época, la
Oficina Sanitaria Panamericana y la Sección de Higiene de la
Liga de las Naciones, de las que fue muy apreciado asesor.
Reconocimientos y muerte
Desde los
inicios de su ejercicio profesional el doctor Le
Roy fue llamado a colaborar con
importantes instituciones científicas nacionales y
extranjeras. El 21 de marzo de 1892 fue nombrado miembro de
número de la Sociedad Económica de Amigos del País de La
Habana, en la que ocupó diversos cargos en las secciones de
Ciencias, Geografía, Historia, Estadística de Cuba y Asuntos
Sociales. Cuando a esta institución se le dio carácter de
academia se le designó con el primer lugar entre sus Socios
de Número.
El propio año
1892, el 5 de abril, ingresó como miembro titular de la
Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, en la que
realizó una meritoria labor como Vicesecretario (1894-1899)
y Secretario (1899-1907), pero principalmente en el cargo de
director de su órgano publicitario Archivos de la Sociedad
de Estudios Clínicos de La Habana (1899-1907). Al final de
su vida ostentaba la categoría de Miembro Fundador.
A los treinta y
tres años de edad y doce de ejercicio profesional, ingresó
el 16 de diciembre de 1900 como académico de número de la
Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La
Habana, la más renombrada institución científica del país y
con las dos anteriores las tres de mayor relieve en nuestra
historia. Su labor académica hubiera bastado para
inmortalizarlo en nuestra cultura científica: Vicesecretario
(1901-1907), Secretario (1907-1934) y director de su revista
profesional y científica los Anales de la Academia de
Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana
(1902-1934). El 15 de abril de 1932 recibió la más alta
distinción que otorgaba la Academia, al ser elegido por
unanimidad de votos como Académico de Mérito.
Sus informes, memorias, elogios,
discursos de contestación, artículos y otros trabajos,
publicados en los "Anales de la Academia" pasan ampliamente
de los dos centenares, pero sólo quiero destacar los
referentes a su historia y bibliografía: "Contribución a la
Historia de la Academia de Ciencias de La Habana. Papeles
importantes" (1926), de un extraordinario valor documental,
que yo reproduje en el
Cuaderno de Historia de la Salud Pública No. 67
(1984);16
Historia abreviada de la Academia de Ciencias de La Habana
(1928); “Recuerdos históricos a propósito del septuagésimo
aniversario de la fundación de la Academia de Ciencias de La
Habana” (1931) y “Bibliografía de los Anales de la Academia
de Ciencias de La Habana” (1915).
Durante su viaje
de estudios a París estableció intercambio científico con
diferentes instituciones hispanas, de las cuales tres de
ellas lo nombraron miembro corresponsal en 1893: la Sociedad
Española de Higiene, la Academia Médico Quirúrgica Española
y la Sociedad Ginecológica Española. Ese mismo año participó
en París en el IV Congreso Francés de Cirugía.
A lo largo de su
vida numerosas instituciones foráneas lo eligieron miembro
correspondiente extranjero, entre ellas:
American
Health Association,
New York,
EE.UU. (1923); Sociedad Médico
Quirúrgica del Guayas, Guayaquil, Ecuador (1926); Sociedad
Científica “Antonio Alzate”, México (1929); Sociedad
Mexicana de Geografía y Estadística, México (1929); Academia
Nacional de Medicina de Lima, Perú (1932);
National
Geographic Society,
Washington D.C., (1932) y la Academia de Medicina de México,
México (1933).
En Cuba
perteneció, además de las ya citadas, al resto de las
sociedades científicas, participó en todos los Congresos
Médicos Nacionales y fue fundador de los Congresos de la
Prensa Médica de Cuba y su principal figura. Su presencia en
múltiples eventos científicos internacionales y extranjeros
fue siempre muy destacada.
Entre las
numerosas distinciones y condecoraciones que recibió, tuvo
especial preferencia por la Orden Nacional de Mérito “Carlos
J. Finlay”, la que se le otorgó en los grados de Comendador
(1930) y Gran Oficial (1933) y
posmortem
en el grado superior de Gran Cruz el 3 de diciembre de 1950.17
Por último, el
doctor Le Roy fundó un hogar
modelo con su esposa María Gálvez
Guillem, de cuyo matrimonio nacieron tres hijos,
dignos herederos de la cultura del padre: María Georgina,
doctora en Derecho Público; Mario José, doctor en Derecho
Civil, que por muchos años fue Secretario del Instituto
“Finlay” y Luis Felipe, citado
varias veces en esta conferencia, que acumuló los títulos de
doctor en Ciencias Físico-Químicas, en Ciencias
Físico-Matemáticas, en Ciencias Naturales y en Farmacia y le
faltaron pocas asignaturas para graduarse de Ingeniero
Electricista.
En el seno de
ese hogar falleció el doctor Le Roy
en La Habana, en momentos de la gran depresión mundial, el
22 de febrero de 1934. Su cadáver fue tendido en el
paraninfo de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y
Naturales de La Habana y en el Cementerio “Cristóbal Colón”
fue depositado en el panteón familiar, ante representantes
de las corporaciones a las que perteneció, de la Sanidad
cubana y de la Comisión “Finlay”. Las palabras de despedida
de duelo fueron pronunciadas por su gran amigo, el doctor
José A. Presno
Bastiony (1876-1953), presidente
de la Academia. Un busto suyo, obra del escultor
italo-cubano
Doménico
Camporino perpetúa su memoria en el Salón de los
Bustos del Museo de Historia de las Ciencias “Carlos J.
Finlay”, antiguo local de su querida Academia.7
Referencias bibliográficas y documentales
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-
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