El Gobierno paraguayo acaba de declarar
el “estado de emergencia nacional” durante 60 días ante el brote
epidémico de dengue que sufre el país y que se ha cobrado ya la vida
de al menos 11 de los 15.000 afectados en lo que va de año. El
objetivo del decreto, firmado el miércoles por el jefe del Estado,
Nicanor Duarte, que especifica claramente que “la emergencia es una
cuestión de salud y medioambiental”, consiste en facilitar a las
autoridades sanitarias las labores de destrucción de los criaderos
del mosquito Aedes aegypti y combatir así una epidemia que parece
expandirse en progresión geométrica.
El dengue es una enfermedad vírica
causada por la picadura del mosquito infectado, que ya ha afectado a
prácticamente todo el Cono Sur. Paraguay, sin embargo, es el país
que más está sufriendo este año las consecuencias.
De las 11 muertes registradas hasta
ahora, cuatro se debieron al dengue hemorrágico, aunque una comisión
especial del Ministerio de Salud ha constatado la existencia de un
nuevo tipo del llamado dengue clásico, que podría ser más grave que
el hemorrágico.
Las condiciones climatológicas causadas
por los efectos de El Niño ?intensas lluvias, inundaciones y altas
temperaturas?, unidas a las malas condiciones sanitarias, han
servido para atizar la epidemia en la región.
El estado de emergencia decretado en
Paraguay facilitará las operaciones de erradicación de criaderos de
los mosquitos transmisores, hasta ahora la única forma efectiva que
se conoce de controlar la enfermedad, que se manifiesta con brotes
de fiebre, dolores musculares y óseos, problemas gastrointestinales,
deshidratación y sangrado, en el caso del dengue hemorrágico.
Las medidas previstas por el Gobierno
paraguayo prevén la movilización de 20.000 funcionarios públicos en
todo el país, entre ellos miembros del Ejército que han venido
colaborando con las autoridades sanitarias.
Esta demanda extraordinaria de medios en
uno de los sistemas de salud más precarios y desabastecidos de
América Latina ha colapsado los hospitales del país, que ya en
condiciones normales funcionan bajo mínimos. A pesar de un aumento
considerable en el presupuesto de salud, Paraguay destina sólo 19
dólares al año por persona en este capítulo. Según estadísticas de
Unicef, sólo el 58% de la población tiene acceso a agua potable en
las zonas urbanas y únicamente el 33% en las rurales.
El hospital del populoso Barrio Obrero
de Asunción, una zona fuertemente afectada por el dengue, no cuenta
con salas especiales para los enfermos por la picadura del mosquito
asesino.
Esta misma semana, se podía ver a dos de
ellos compartir una precaria salita de recuperación con dos enfermos
graves, uno de ellos infeccioso, que aguardaban en vano una cama en
terapia intensiva. Ni las ventanas de la sala ni sus rudimentarias
camillas sin sábanas contaban con mosquiteros. “Nos han prometido
tratamiento especial, pero no se nota. Incluso me han pedido que
compre los medicamentos”, se quejaba Graciela, una madre soltera de
mediana edad que había sido internada por precaución y estaba
recibiendo suero.
En un esfuerzo extraordinario, el Estado
ha ofrecido financiar los análisis para detectar los casos de
dengue, pero esto sin duda no es suficiente. La oposición política
acusa a las autoridades de inacción y, lo que es peor, de manipular
las cifras sobre el número de enfermos. Sin embargo, el director del
hospital del Barrio Obrero, Jesús Miguel Ramírez, descartó esta
posibilidad en declaraciones a EL PAÍS: “No tendría ningún sentido
hacerlo. Lo que ocurre es que en todo conteo hay errores de cálculo”.
Ramírez admite que la demanda causada por la epidemia de dengue ha
impactado negativamente sobre los servicios de salud, pero al mismo
tiempo advierte de que una declaración de emergencia no
necesariamente ayudaría a combatir la epidemia. “La solución no está
en los hospitales, sino en la educación de la población”, señala.
Por otra parte, algunos seguros médicos
privados han decidido no cubrir la detección y el tratamiento del
dengue. Ramírez cree que la ausencia de solidaridad contribuye a la
actual situación: “La sociedad civil espera que las iniciativas
vengan del Estado, pero no se ha organizado para combatir
efectivamente la propagación del dengue”.
Los Gobiernos locales y los
Ayuntamientos han iniciado campañas de fumigación y limpieza, que
incluyen la recolección de neumáticos viejos, donde se estima que se
reproduce el 70% de los mosquitos transmisores. Con todo, queda
pendiente la limpieza de los barrios marginales más pobres y de
miles de cursos de arroyos contaminados con basura y todo tipo
desechos, además de los desagües abiertos en las ciudades.