CONOZCA EL IDIOMA ESPAÑOL
El
sujeto en la Gramática de la lengua española,
de Emilio Alarcos Llorach
Por Carmen Lepre Antes de empezar
Si bien el concepto de
sujeto es tan antiguo que se pierde en la historia de la
gramática, ha dado mucho que hablar, sobre todo en los
últimos tiempos. Se revisan modelos, cambian los puntos
de vista teóricos y el concepto de sujeto se revisa con
ellos.
Es seguro que si preguntamos ¿Qué es el sujeto?
obtendremos respuestas variadas y válidas todas, en
tanto respondan a fundamen-taciones que las sustenten.
Ser "aquello de lo que se habla en la oración", o el
sintagma que "concuerde en número y persona con el verbo",
o el "argumento externo" del verbo, no son más que
distintos aspectos parciales de una misma y compleja
realidad.
De todo esto se infiere que según unos puntos de vista
es válido hablar aún de sujeto y predicado como partes
de la oración, mientras que, siguiendo otros modelos
descriptivos de la sintaxis del español, no corresponde
establecer esta distinción.
Antecedentes
Las gramáticas académicas
entienden el sujeto y el predicado como partes de la
oración entre las que se entabla una relación lógica. La
Gramática de la lengua española de 1931 los llama partes
"esenciales de la oración gramatical". Mientras que el
sujeto es "el vocablo con que se designa el ser
(persona, animal o cosa) de que se afirma algo", el
predicado es "el [vocablo] que expresa la cosa afirmada".
(Pág. 156)
En el Esbozo de una nueva gramática de la lengua
española se habla, también, de una relación lógica entre
dos términos o miembros: sujeto y predicado. "El sujeto
es la persona o cosa de la cual decimos algo; por
predicado entendemos todo lo que decimos (predicamos)
del sujeto". Por su parte, la oración gramatical es una
"forma sintáctica que expresa la relación entre sujeto y
predicado", es una unidad que contiene "un solo juicio"
o "más de uno".
Es esta una visión lógica, con la que trabajó la
gramática según los moldes latinos y que se repitió
hasta nuestros días en las gramáticas escolares. Sin
embargo, aunque en las dos gramáticas académicas citadas
está presente una relación lógica entre términos, se
observa una tendencia en la gramática del 31 a describir
estos términos como palabras o vocablos. Esta tendencia
se observa también en otras gramáticas, anteriores y
posteriores.
Gonzalo Correas, en 1625, consideraba que las partes de
la oración (entendidas estas como palabras) son tres:
nombre, verbo y partícula (e incluía en esta parte de la
oración todas las palabras invariables como subgrupos).
El nombre era concebido por Correas como "aquella
palavra y boz con que se nonbra cada cosa", mientras que
el verbo era "aquella palavra que sinifica el hazer i
obrar, i dezir las cosas i ser hechas, i obradas, i
dezirse".
Bello, con su modo particular de comunicar los hechos
gramaticales del español, decía:
"El carácter peculiar
del sustantivo consiste (...) en su aptitud para
servir de sujeto; el del verbo en su oficio actual
de atributo. Son dos palabras que, señalando las dos
partes de la proposición, se miran, por decirlo así,
una a otra, y tienen una relación necesaria entre sí".
(Nota II)
La relación de necesidad
entre sujeto y predicado corresponde a una visión
funcional de ambos. Estos no son concebidos como
miembros o términos de la oración entre los que se
establece una relación lógica, sino como funciones
privativas que cumplen dos categorías gramaticales,
sustantivo y verbo, entendidos respectivamente como los
vocablo-sujeto y vocablo-predicado.
En el capítulo XXII agregaba:
"La palabra dominante
en la oración es el sustantivo sujeto, a que se
refiere el verbo atribuyéndole alguna cualidad,
acción, ser o estado. Y en torno al sustantivo
sujeto o al verbo se colocan todas las otras
palabras, las cuales, explicándose o especificándose
unas a otras, miran, como a sus peculiares últimos
puntos de relación, las unas al sustantivo sujeto,
las otras al verbo."
La visión funcionalista de
Bello nos aleja de descripciones lógicas y nos encamina,
saltando un siglo hacia el presente, a posturas que ya
no necesitan la articulación bimembre para describir la
oración gramatical. Esto supone, como adelantamos al
comienzo, que también nos encaminamos a una descripción
diferente del sujeto de la oración.
Hacia conceptos formales
En el año 1961 Samuel Gili
Gaya considera, al igual que lo había hecho la Gramática
académica de 1931, que en el verbo está presente la
relación entre dos conceptos: el sujeto y el predicado.
Sus palabras, que se citarán a continuación, constituyen
un claro antecedente de las que se leen en la Gramática
de la lengua española de E. Alarcos.
"Las formas digo, saliste, vendrá, hemos cantado,
decíais, habrán salido, corresponden a los sujetos yo,
tú, él, nosotros, vosotros, ellos, los cuales pueden ser
ampliados o determinados por medio de otras palabras. No
ocurre lo mismo en francés ni en inglés, donde por
causas históricas que no importan a nuestro propósito se
ha hecho obligatoria la anteposición del pronombre
sujeto, remediando así el oscurecimiento fonético o la
pérdida total de las desinencias personales. Con razón
dice la Academia que el predicado verbal "contiene en sí
al sujeto, sea determinado o indeterminado y equivale
por sí solo a una oración completa".
Mantiene la lengua española el carácter sintético que
tenían las formas latinas en lo referente a la presencia
en ellas de los dos elementos de juicio. Por ello,
aunque las Gramáticas registran cuidadosamente los casos
de omisión del sujeto, parece más adecuado y más breve
ocuparse de las circunstancias en que el idioma,
sintiendo como insuficiente la expresión del sujeto
contenido en la forma verbal, necesita determinarlo más.
(Pág. 23)
Se observará que, en primer lugar, el sujeto se concibe
como un significado, no como un vocablo o miembro de la
oración. En este marco, además, y sin dejar por ello de
significar, es una forma que está presente en el verbo.
Son los morfemas flexivos del verbo, (que E. Alarcos
llama terminaciones, con justificada visión teórica que
lo sustenta), quienes manifiestan en su contenido al
sujeto de una oración. Es decir, estos morfemas flexivos,
con significado gramatical, contienen en sí el sujeto, y
son el sujeto.
No se piensa, por lo tanto, en que el sujeto está
omitido, como muchas gramáticas han preconizado. Es más,
los siguientes conceptos que se leen en la gramática de
Gili Gaya se habían leído ya en la Gramática académica
del 31:
"Cuando el sujeto sea
un pronombre de primera o segunda persona se omite
por regla general, porque la desinencia del verbo lo
indica suficientemente. Así, al decir amas, el
sujeto no puede ser otro que tú... Sólo cuando se
quiere poner de relieve la participación del sujeto
en la idea significada por el verbo o por el
predicado nominal, lo expresamos diciendo, por
ejemplo: yo lo he visto..."(Pág. 157)
La diferencia entre las palabras emitidas por la
Gramática académica del 31 y los juicios de Gili Gaya
son de grado, no de sustancia. Si bien en la Gramática
académica podría interpretarse que existe una alusión al
llamado sujeto desinencial al principio: "...no puede
ser otro que tú", esta alusión queda desmentida si
leemos con cuidado lo que sigue a ella, puesto que se
habla del sujeto explicitado "cuando se quiere poner de
relieve" su participación.
Como se habrá observado, a través de estas citas se
pueden descubrir tanto los conceptos de "sujeto
gramatical" como de "sujeto explícito" que descubrimos
también en la Gramática... del 94 de E. Alarcos.
El lingüista francés André Martinet, en el año 1975,
habló en sus Estudios de sintaxis funcional de la "no
omisibilidad" del sujeto. Lo concibió como un rasgo "sorprendente".
También en él encontramos antecedentes de lo que veremos
en la Gramática... del 94 de E. Alarcos:
"En el plano semántico, es difícil ver lo que pueda
distinguir un sujeto de cualquier otro complemento, y
sin embargo, en el enunciado mínimo, aparece como algo
tan inevitable como lo es el núcleo predicativo." (Pág.
282)
Martinet observa que el sujeto tiene un comportamiento
peculiar que lo diferencia de "otros complementos" de la
oración. Citando a Jespersen, coincide con él en que "omitir
el sujeto supone arruinar el enunciado". Esto supone,
dice él, que el sujeto se jerarquiza por encima de los
otros elementos que se conectan con el verbo en una
oración, puesto que es imposible no enunciarlo: al
proferir el verbo, el sujeto viene con él. Por su parte,
Martinet insiste en un hecho que E. Alarcos también
tendrá en cuenta: si se enuncia el sujeto explícitamente,
habrá una concordancia con la terminación verbal. Este
rasgo lo diferencia claramente de los demás bloques de
oración conectados directamente con el verbo.
En efecto, en la oración Los empleados llevaron su
queja al jefe de sección, en la que se explicita el
sujeto, este concuerda con la terminación del verbo. Si
el sujeto no estuviera explicitado, igualmente existiría,
puesto que la terminación del verbo lo manifiesta.
El sujeto como adyacente
del verbo.
Es el lingüista francés
Lucien Tesnière en 1959 quien comienza a observar con
justa crítica la distinción sujeto/predicado. Asegura
Tesnière que esta oposición es falsa, deviene de la
lógica, que "nada tiene que ver con la lingüística". Por
lo tanto, preconiza una descripción sintáctica de la
oración a partir del verbo conjugado que funciona como
nudo, puesto que domina los demás elementos de la
oración, que él llama actantes y circunstantes. Para
argumentar esta visión estructural formal de su análisis
sintáctico utiliza un ejemplo del latín:
"En ninguna lengua, ningún hecho propiamente lingüístico
invita a oponer el sujeto al predicado. Por ejemplo en
la frase filius amat patrem la palabra amat es un
aglutinado del elemento predicativo ama- y del elemento
sujeto -t. La separación entre el sujeto y el predicado
no está pues marcada por la separación de palabras. Por
el contrario, tal separación existe entre los elementos
componentes del sujeto filius...-t y del predicado ama-...patrem.
La amalgama de los elementos del sujeto y del predicado
concuerda mal con la oposición de estas dos nociones,
mientras que no crea ninguna dificultad en la hipótesis
del nudo verbal como nudo central. Por otra parte, es
difícil considerar como iguales el sujeto, que
generalmente contiene solo una palabra y que incluso
puede no estar plenamente expresado y el predicado, cuya
enunciación es obligatoria y comporta, en la mayoría de
los casos, elementos mucho más numerosos que los del
sujeto. (...) Esto supone otorgar a uno de los elementos
de la frase una importancia desproporcionada, que ningún
hecho estrictamente lingüístico puede justificar". (Pág.
271 de su edición en español)
Estas palabras de Tesnière son fundamentales para
entender una descripción del comportamiento sintáctico
de los elementos oracionales desde un ángulo que hasta
el momento no se había pensado. Considerar la oración
como una estructura que se nuclea en un verbo conjugado
supone desprenderse por completo de la visión lineal
sujeto/predicado. Los diagramas arbóreos con los que
trabaja describen a través de figuras geométricas cómo
el verbo jerarquiza sintácticamente esa oración, y por
ello es ubicado arriba en el "estema". De él se
desprenden ramas que van hacia los elementos o
constituyentes, llamados por él actantes y circunstantes,
(puesto que son actores y circunstancias dentro de las
que se inscribe el proceso denotado por el verbo). Estos
se "subordinan" (en el sentido de "determinan") al verbo,
y se ubican todos en el mismo nivel, debajo del verbo.
Esta visión estructural de la sintaxis supone más de un
paso hacia la formalización de las funciones de los
elementos oracionales. El sujeto se ha transformado en
un actante, el primero, el actor del proceso denotado
por el verbo, que no plantea con el verbo una relación
más especial que el segundo o el tercer actante.
Alarcos se va nutriendo evidentemente de estas
descripciones, pero es en su Gramática del 94 en
la que se observa con mayor evidencia esta influencia
implícita.
El sujeto en el modelo
sintáctico de E. Alarcos
En Estudios de gramática
funcional del español
En estos estudios realizados
por E. Alarcos en artículos publicados desde 1949 en
distintas revistas de lingüística, se observa una
tendencia a considerar al mismo nivel jerárquico los
elementos oracionales que se conectan con el verbo. Se
aleja con toda evidencia de los criterios tradicionales
que consideran el sujeto como un sintagma que esté en
una jerarquía distinta a los demás, por motivos de
contenido o de referencia a la realidad. (Entiéndase con
esto "aquello de lo que se habla").
En efecto, en el parágrafo 6 de su artículo "Verbo
transitivo, verbo intransitivo y estructura del
predicado", trabaja con criterios que le permitirán
deslindar funcionalmente, a través de procedimientos de
la lingüística estructural, el llamado por él implemento
(objeto directo), del sujeto. Ambos sintagmas poseen
comportamientos diferenciados:
"En primer lugar se
encuentra un tipo de término adyacente cuyas
características formales son, por así decirlo,
negativas: son sintagmas pospuestos normalmente al
núcleo (come uvas, bebe vino, escribe la carta) y
que, por tanto, a primera vista, no ofrecen ningún
rasgo que indique su función. Sin embargo, es claro
que se diferencian funcionalmente del sujeto, ya que
éste (aunque pueda ir pospuesto) presenta la
interdependencia en número y persona con el núcleo
del predicado (pasa el tren, pasan los trenes). Por
otra parte, la omisión del sujeto léxico -cuando no
es necesario para la comunicación, porque es
consabido por el oyente- no repercute en la oración;
mientras que si el término adyacente es conocido del
interlocutor y no es preciso expresarlo léxicamente,
persiste un indicador de su función junto al núcleo
que además hace una referencia al número y al género
del sintagma omitido: el núcleo queda incrementado
con un referente pronominal (en los ejemplos
anteriores: las come, lo bebe, la escribe")
Esto es, el sujeto se diferencia de los demás sintagmas
conectados con el verbo por su diferente comportamiento
al suprimirlo. Mientras el implemento (objeto directo)
requiere de una conmutación por formas pronominales, el
sujeto no necesita ser sustituido por ninguna forma
pronominal. Esto ocurre porque la información está
presente ya en el verbo, que, ya vimos que lo mencionan
Gili Gaya, la Gramática académica y Martinet, contiene
en sí mismo al sujeto en su terminación.
En el artículo sobre "Pronombres personales", página 206
de la misma publicación, realiza puntualizaciones que
pueden otorgar mayor luz a su descripción del sujeto.
Mientras que las terminaciones verbales son "indicadores
de la 'persona' sujeto", los pronombres átonos "indican
la 'persona' en que se complementa o implementa el verbo".
La influencia de Tesnière es evidente. Tesnière había
considerado ya un elemento funcional en la sintaxis de
toda oración: el indicio. Esta función se cumple
mediante algunas preposiciones y consiste, como su
nombre lo dice, en "indicar" o "mostrar" cuál es la
función que cumple el sustantivo que está pospuesto a
ella. Así, en Juan vio a María el sábado, la preposición
a es indicio de que el sustantivo María no es sujeto.
Del mismo modo, las terminaciones verbales son los
indicios de la persona del discurso (primera, segunda o
tercera), que opera como sujeto gramatical de la oración.
Toda esta información sintáctica acerca del sujeto se
encierra en el sintagma verbal, que alcanza por sí solo
para transmitir la relación sujeto/predicado 1. Si
apareciera un pronombre, este sería "enfático". Así lo
dice en la página 208:
1. Conviene hacer una precisión: E. Alarcos llama "sintagma"
a un grupo de signos, uno de los cuales no puede
aparecer aislado. Esto supone que tanto "árbol-es" como
"tem-en" son sintagmas, al mismo nivel que "el niño",
porque ni "-es", ni "-en", ni "el", pueden aparecer
aislados.
"Los pronombres de la
serie tónica, en función de sujeto, son muchas veces
redundantes: /yo, tú/ presuponen un verbo en "primera"
o "segunda persona singular" ; en cuanto el signo
verbal ya indica la "persona", los pronombres no
añaden más que la expresión del "énfasis o relieve";
/nosotros, vosotros/ (y sus femeninos
correspondientes) son también enfáticos, pero
agregan la especificación del "género", que no va
expresado por el verbo; de igual modo la "persona"
es redundante en /él, ella, ello, ellos, ellas/,
pero son pertinentes porque especifican el "género"
y reducen los límites de la tercera persona".
En la Gramática de la
lengua española
Es en esta gramática en la
que E. Alarcos llega a desvincularse con más evidencia
de la tradición gramatical que describe sujeto/predicado
como miembros interdependientes, solidarios y necesarios.
Si se observa esta relación así concebida, el sujeto se
comporta al mismo nivel jerárquico que el predicado, y
este a su vez contiene los demás sintagmas de la oración
que no son sujeto; es decir, los tradicionalmente
llamados "complementos del verbo".
Este desvínculo con la tradición gramatical empieza a
hacerse notorio desde el momento en que se concibe la
relación predicativa exclusivamente dentro de los
límites del "sintagma llamado verbo" y no fuera de él.
En esta gramática, E. Alarcos hace permanentemente
alusiones a lo que él llama "tradición gramatical". Ello
no debe entenderse como una concesión, sino como una
velada crítica al Esbozo, al que contesta
permanentemente, sin que el Esbozo se entere. Véanse, si
no, estas palabras:
"Entre los enunciados
existe un tipo especial conocido con el término de
oración. Uno de sus componentes, la palabra que se
llama verbo (o sintagma verbal), contiene dos
unidades significativas entre las cuales se
establece la relación predicativa: el sujeto y el
predicado, que se entienden tradicionalmente como "aquello
de que se dice algo" el primero, y el segundo "lo
que se dice del sujeto. ...[El sintagma verbal] es
el núcleo de la oración y en él se cumple la
relación predicativa: se dice de alguien (la tercera
persona) algo (la noción de escribir). Los demás
componentes que en la oración pueden aparecer en
torno del núcleo son términos adyacentes, cuya
presencia no es indispensable para que exista
oración. Los enunciados que carezcan de una forma
verbal personal que funcione como núcleo no son
oraciones y ofrecen una estructura interna diferente:
con la denominación de frases se estudiarán más
adelante."
Con estas palabras dichas en
el parágrafo 311, Alarcos sienta las bases de una
sintaxis oracional estructural, al mejor estilo
tesneriano. El verbo, que es el nudo de la oración,
opera como elemento jerárquico del que dependen
sintácticamente todos los adyacentes por igual. Entre
ellos está incluido el sujeto -llamado ahora sujeto
explícito- como un adyacente más, y se diferencia de los
otros, como había adelantado en el artículo publicado
décadas antes, por su diferente comportamiento si es
elidido. Si esto ocurre, no necesita ser suplementado
por formas pronominales. El sujeto gramatical presente
en la terminación verbal se ocupa de informar al
respecto lo necesario. Por otra parte, esta relación
íntima se hace más evidente a través del fenómeno de la
concordancia, que no se establece entre verbo y sujeto,
como tradicionalmente se describía, sino entre ambos
sujetos. Así se explica en el parágrafo 313:
"Los términos
adyacentes sirven para especificar con más precisión
y en detalle la referencia a la realidad que efectúa
el verbo o núcleo de la oración.
Según la función que
desempeñan en la oración, existen varias clases de
términos adyacentes:
1º. Cuando la situación en que se habla no es suficiente
para poder identificar qué ente real se corresponde con
la persona (o sujeto gramatical) incluido en el verbo,
se agrega un sustantivo (o segmento equivalente) que la
especifica: El niño escribe, El maestro escribe, La
secretaria escribe, El de arriba escribe, La que tú
dices escribe, etc. Los segmentos El niño, El maestro,
La secretaria, El de arriba, La que tú dices especifican
la alusión de la tercera persona inserta en el verbo y
permiten identificarla. A este término adyacente se le
llamará sujeto explícito o léxico. Su presencia es, pues,
optativa, ya que para que haya oración basta la
existencia del sujeto gramatical. Así, al decir Escribió,
proferimos una oración, pues en esa forma verbal hay un
sujeto gramatical (tercera persona del singular) del
cual se predica la noción "escribir" significada por el
signo léxico. Cuando interesa precisar la alusión real
de esa tercera persona, se añade un sustantivo (o unidad
equivalente) que funciona como sujeto explícito,
diciendo El niño escribió, El maestro escribió, La
secretaria escribió, etc.
La relación de dependencia entre el segmento que
funciona como sujeto explícito y la terminación de
persona (o sujeto gramatical) del verbo se hace patente
mediante la concordancia, que consiste en igualar los
morfemas de persona y número entre ambos sujetos."
De esto se concluye que el verbo es el elemento de la
oración que contiene toda la información acerca de la
relación predicativa. La raíz encierra o contiene al "auténtico
predicado", puesto que aporta la referencia léxica a la
realidad, y la terminación verbal encierra o contiene
"el auténtico sujeto".
Este sujeto supone dos morfemas básicos, que se
manifiestan en esta terminación del verbo:
a) la "persona designada por la terminación verbal", que
puede ser "la primera persona (mediante la cual el
hablante se designa a sí mismo), segunda persona (con la
cual el hablante designa a su interlocutor) y tercera
persona (que el hablante emplea para designar todo lo
que no son los dos actores del coloquio."
b) el número, que es indicio de cuántas personas del
discurso son referidas por el signo morfológico verbal:
una o más de una.
La existencia de dos posibles sujetos en una oración,
hace necesaria una precisión, que no es superflua. Todo
verbo conjugado comporta un sujeto gramatical
obligatoriamente. Esto supone que hasta los llamados
verbos unipersonales como "Llueve, Nieva, Se canta"
contienen un sujeto gramatical. Dado que están
conjugados en tercera persona del singular,
exclusivamente, el sujeto gramatical tendrá esta persona
y este número, no otro. Lo que no es posible, salvo usos
metafóricos reducidos a algunos verbos meteorológicos,
es que en estas oraciones se vean sujetos léxicos o
explícitos.
Conclusiones
El sujeto se ha convertido
en el elemento controversial, sin quererlo, de esta
visión sintáctica estructural de la oración. En tanto
unidad sintáctica que se describe a través de la función
nucleadora de un verbo conjugado, la oración comporta
adyacentes cuya existencia no es obligatoria. El sujeto
como elemento léxico quedó aparentemente descalificado
del juego sintáctico, al desaparecer la lógica como
fuente descriptora. Su papel, al mismo nivel que los
demás adyacentes, supone sin dudas olvidarse de aquel
análisis lineal en el que el sujeto y el predicado eran
dos elementos miembros de una oración bimembre, con el
mismo grado de importancia, tanto semántica como
sintáctica.
Sin embargo, esta aparente destrucción beneficia a la
sintaxis toda, puesto que la convierte en más operativa
desde el punto de vista funcional, menos pesada en la
descripción y más coherente, al desaparecer la asimetría
(injusta, en este modelo) entre sujeto y complementos.
Referencias
bibliográficas:
ALARCOS LLORACH,
Emilio. 1970. Estudios de gramática funcional del
español. Madrid, Gredos, 1978
ALARCOS LLORACH, Emilio. 1994. Gramática de la
lengua española. Madrid, Espasa-Calpe
BELLO, Andrés. Gramática de la lengua castellana.
Buenos Aires, Sopena, 1970
CORREAS,Gonzalo. 1626. Arte de la lengua española
castellana. Madrid, Revista de Filología Española,
anejo LVI, 1954
GILI GAYA, Samuel. 1961. Curso superior de sintaxis
española. Barcelona, Vox, Biblograf S.A., 1970
MARTINET, André. 1975. Estudios de sintaxis
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TESNIÈRE, Lucien. 1959. Elementos de sintaxis
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