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Literatura General:
Consejos de
Esculapio:
¿Quieres ser médico, hijo mío?
Presentado por el Dr. Diego Balmaseda
Aspiración es
esta de un alma generosa, de un espíritu ávido de ciencia.
¿Deseas que los hombres te tengan por un dios que alivia sus
males y ahuyenta de ellos el espanto? ¿Has pensado bien en lo
que ha de ser tu vida? La mayoría de los ciudadanos pueden,
terminada su tarea, aislarse lejos de los inoportunos; tu puerta
quedará siempre abierta a todos; vendrán a turbar tu sueño, tus
placeres, tu meditación; ya no te pertenecerás.
Los pobres, acostumbrados a padecer, no te llamarán sino en caso
de urgencia; pero los ricos te tratarán como a un esclavo
encargado de remediar sus excesos; sea porque tengan una
indigestión, sea porque estén acatarrados, harán que te
despierten a toda prisa tan pronto como sientan la menor
inquietud; habrás de mostrar interés por los detalles más
vulgares de su existencia, decidir si han de comer cordero o
carnero, si han de andar de tal o cual modo. No podrás
ausentarte, ni estar enfermo, tendrás que estar siempre listo
para acudir tan pronto como te llame tu amo.
¿Tienes fe en tu trabajo para conquistarte una reputación? Ten
presente que te juzgarán no por tu ciencia, sino por las
casualidades del destino, por el corte de tu capa, por la
apariencia de tu casa, por el número de tus criados, por la
atención que dediques a las charlas y a los gustos de tu
clientela. Los habrá que desconfiarán de ti si no vienes del
Asia; otros si crees en los dioses; otros si no crees en ellos.
Tu vecino el carnicero, el tendero, el zapatero, no te confiará
su clientela si no eres parroquiano suyo; el herborista no te
elogiará, sino en tanto que recetes sus hierbas.
Habrás de luchar contra las supersticiones de los ignorantes.
¿Te gusta la sencillez?, habrás de adoptar la actitud de un
augur. ¿Eres activo, sabes qué vale el tiempo?, no habrás de
manifestar fastidio ni impaciencia; tendrás que aguantar relatos
que arranquen del principio de los tiempos para explicarte un
cólico.
¿Sientes pasión por la verdad? Ya no podrás decirla. Habrás de
ocultar a algunos la gravedad de su mal, a otros su
insignificancia, pues les molestaría. Habrás de ocultar secretos
que posees, consentir en parecer burlado, ignorante, cómplice.
No te será permitido dudar nunca, si no afirmas que conoces la
naturaleza de la enfermedad, que posees un remedio infalible
para curarla, el vulgo irá a charlatanes que venden la mentira
que necesita.
No cuentes con agradecimiento: cuando el enfermo sana, la
curación es debida a su robustez; si muere, tú eres el que lo
has matado. Mientras está en peligro te trata como a un Dios, te
suplica, te promete, te colma de halagos; no bien está en
convalecencia ya le estorbas; cuando se trata de pagar los
cuidados que le has prodigado, se enfada y te denigra.
Te compadezco si sientes afán por la belleza: verás lo más feo y
más repugnante que hay en la especie humana; todos tus sentidos
serán maltratados. Habrás de pegar tu oído contra el sudor de
pechos sucios, respirar el olor de míseras viviendas, los
perfumes harto subidos de las cortesanas, palpar tumores, curar
llagas verdes de pus, contemplar los orines, escudriñar los
esputos, fijar tu mirada y tu olfato en inmundicias, meter el
dedo en muchos sitios. Te llamarán para un hombre que, molestado
por dolores de vientre, te presentará un bacín nauseabundo,
diciéndote satisfecho" gracias a que he tenido la precaución de
no tirarlo". Recuerda entonces que habrá de parecer interesarte
mucho aquella deyección.
Tu oficio será para ti una túnica de Neso: en la calle, en los
banquetes, en el teatro, en tu cama misma, los desconocidos, tus
amigos, tus allegados te hablarán de sus males para pedirte un
remedio. El mundo te parecerá un vasto hospital, una asamblea de
individuos que se quejan. Tu vida transcurrirá en la sombra de
la muerte entre el dolor de los cuerpos y de las almas, de los
duelos y de la hipocresía que calcula, a la cabecera de los
agonizantes.
Té verás solo en tus tristezas, solo en tus estudios, solo en
medio del egoísmo humano.
Cuando a costa de muchos esfuerzos hayas prolongado la
existencia de algunos ancianos o de niños deformes, vendrá una
guerra que destruirá lo más sano y lo más robusto que hay en la
ciudad. Entonces, te encargarán que separes los débiles de los
fuertes, para salvar a los débiles y enviar a los fuertes a la
muerte.
Piénsalo bien mientras estás a tiempo. Pero sí, indiferente a la
fortuna, a los placeres, a la ingratitud; si sabiendo que te
verás sólo entre las fieras humanas, tienes un alma lo bastante
estoica para satisfacerte con el deber cumplido sin ilusiones;
si te juzgas pagado lo bastante con la dicha de una madre, con
una cara que sonríe porque ya no padece, con la faz de un
moribundo a quien ocultas la llegada de la muerte: si ansías
conocer al hombre, penetrar todo lo trágico de su destino,
entonces hazte médico, hijo mío.
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